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Los retos en la gestión del conocimiento

Por: Martín Beitia

En mi estreno en el blog de Celera voy a hablar sobre un tema que considero importante y al que creo no estamos dedicando la atención que requiere: el envejecimiento de la población y los retos que plantea con relación a la gestión del conocimiento en las organizaciones.

El envejecimiento progresivo de la población es un hecho constatado a nivel global; el crecimiento de la esperanza de vida y la reducción de la natalidad hacen que haya por primera vez en la historia más personas mayores que niños. Esta realidad, que tiene efectos en todos los ámbitos de la vida económica, social, cultural… plantea nuevos desafíos a las organizaciones, empresas e instituciones. El envejecimiento de las plantillas se lleva produciendo a lo largo de la última década, las primeras generaciones del baby boom ya han comenzado a jubilarse y lo harán de forma masiva en los próximos años, con lo que el riesgo de descapitalización de las empresas por la gestión de la pérdida de conocimiento y experiencia acumulada por estas personas, puede ser un problema real.

La gestión del conocimiento, es un concepto aplicado a la organizaciones y que tiene el fin de transferir el conocimiento generado en un lugar a otro, desarrollando las competencias necesarias para compartirlo y poder aplicarlo por las personas. Considero que no estamos abordando con rigor el reto que supone esta gestión, que es lo que aporta un valor diferencial a las organizaciones y es uno de sus principales activos hoy.

Pero claro, el conocimiento es un intangible que aún no estamos habituados a gestionar, ya que es una tarea que no forma parte del quehacer habitual de las organizaciones. La primera pregunta es: ¿cómo podríamos generar estrategias para conservar y potenciar los intangibles en las organizaciones en esta era del conocimiento?

Identificar en las personas más veteranas el conocimiento crítico, necesario en el futuro y que es difícil de reemplazar, es clave para anticipar el impacto generado en la empresa por la salida de esas personas. Para ello, creo que asegurar que la gestión del conocimiento y el aprendizaje intergeneracional son parte de la estrategia de la empresa, es vital a la hora de abordar los retos que plantea el envejecimiento de las plantillas. Porque no deberíamos olvidar que el conocimiento no es algo que pueda ser transferido de una persona a otra; el conocimiento es lo que uno mismo genera a partir de la información que recibe y del aprendizaje que adquiere a partir de la experiencia. Se trata por tanto, de generar contextos en los que las personas de diferentes generaciones compartan saberes y experiencias, para que aprendan unas de otras y generen valor, nuevo conocimiento e innovación a través de esta relación.

Tenemos que ser audaces y abordar los retos, no con las mismas soluciones de siempre, sino desde un punto de vista de innovación e integración. Chip Conley recientemente compartía su experiencia sobre su proceso de integración en Airbnb, empresa a la que se unió con 52 años y sin ninguna experiencia en el ámbito tecnológico, mientras doblaba la edad a la media de los empleados: ”Los baby boomers y ​millennials tienen mucho que ofrecer y hay mucho que pueden aprender los unos de los otros. Aquí entra el “viejo moderno”, que sirve y aprende tanto como mentor como becario, el mismo que disfruta de ser alumno y sabio.” Como vemos, en las organizaciones conviven personas de generaciones diversas con culturas de trabajo muy diferentes. Por ejemplo, hoy en día los jóvenes hemos dejado de pensar en un único trabajo para siempre, cuando hasta hace poco la aspiración era encontrar un puesto fijo que durara toda la vida.

¿Cómo podríamos hacer que esta diversidad de culturas y maneras de entender el trabajo se puedan armonizar y que cada uno encuentre su sitio dentro de las estructuras de estas organizaciones?

Este proceso de integración pasa por enfrentarnos a la tarea de terminar con los estereotipos asociados a la edad. En nuestro imaginario la creatividad, el emprendimiento y la innovación se suelen asociar al joven, pero como ya se ha demostrado muchas veces, estas capacidades no son patrimonio exclusivo de la juventud. La realidad nos demuestra que muchos emprendedores inician sus proyectos cuando tienen una larga trayectoria profesional y conocen perfectamente su sector.
Ocurre lo mismo con la asunción de liderazgos y responsabilidades en equipos y proyectos; sigue siendo bastante habitual que este tipo de funciones se atribuyan a las personas con más edad. Pero ya está dejando de extrañarnos que entre los grandes líderes que están construyendo el futuro haya también personas jóvenes con grandes capacidades.

Por todo esto, considero que es vital que se realice un ejercicio y esfuerzo colectivo donde las diferentes generaciones establezcan procesos que permitan generar contextos y entornos de relación, donde se pueda llevar a cabo una reflexión sobre los escenarios y retos futuros a los que las organizaciones y la sociedad se enfrentarán. Una vez definidos, se deberían establecer líneas de acción y lanzar iniciativas para solucionar estos retos a través de equipos en los que se mezclan juventud y experiencia.

Tras esta reflexión, quiero terminar compartiendo un factor que para mí es clave en toda esta realidad: la curiosidad, pues es la curiosidad lo que nos mantiene jóvenes. Peter Drucker, gurú del management del siglo XX, que vivió hasta los 95 años, afirmaba que una de las razones por las que envejeció sano fue su eterna curiosidad, que hacía que siempre encontrara nuevos temas que le interesaban. Comparto totalmente lo que Drucker decía: espero que esta curiosidad y las ganas de aprender algo nuevo todos los días se mantengan el resto de mi vida.

Celera, la Aceleradora de Talento

Por: Jan Carbonell

Celera es un programa que nace para identificar a los jóvenes con talento en España y dotarlos de herramientas que les permitan aprovechar al máximo de todo su potencial. A diferencia de una aceleradora de proyectos, en Celera se apuesta por las personas, entendiendo el fracaso cómo una fase más de la trayectoria vital.

Antes de todo, quién soy yo?
No os voy a contar toda mi vida, pues tardaría un buen rato y sería bastante aburrido relatar todas las horas que he pasado durmiendo. Sin embargo, dejadme que os muestre que de pequeño, mis padres jamás pensaron que les iba a dar tantos problemas.

Recuerdos de la infancia y épocas más inocentes. Circa 1999

Me levanto cada día con las ganas de transformar una idea, un sueño; en una realidad. Suelo adaptarme rápidamente a los cambios y me considero una persona de mente abierta y con insaciables ganas de aprender.
De pequeño, quería ser futbolista, astronauta y cocinero. Un buen día, mis padres me regalaron un kit de Lego y no hubo vuelta atrás. Quería ser ingeniero. En ese momento no hubiera sido capaz de articular la razón esencial; por suerte, ahora sí:

Mi objetivo es usar la tecnología para dejar una huella positiva en la sociedad.

No quiero trabajar para que te vicies más a un videojuego o conseguir que compres más productos. Me gustaría poder contribuir en algo mayor; que tenga impacto no sólo en nuestro momento sino en las personas que van a venir después.

Soy joven, soy soñador, y quizás, demasiado optimista

*Si acabo trabajando para Candy Crush o similares, me voy a tener que comer con patatas la afirmación anterior.

Antes de Celera

Hasta llegar a la universidad, todo era más o menos normal. Iba a (algunas) clases e iba pasando de curso sin pena ni gloria.
Me faltaba algo.
Y no supe lo que era hasta que fui a Lloret de mar. Puedo leer vuestras mentes. Tuvo la epifanía allí? Entre sangría y 4 grupos de británicos?

Lloret, a pesar de las bonitas vistas, es más conocida por otro tipo de actividades.

Estaba ayudando en la organización del Foro de Excelencia. Conseguimos traer a 1 astronauta, 6 premios nobel, 2 ex-presidentes de estado y verdaderas eminencias científicas y expertos del liderazgo y la innovación. Pero eso no fue lo importante para mi. También vinieron 4 jóvenes de Celera y eso fue lo que realmente cambió mi vida.

Todos esos líderes eran gente extremadamente inteligente, trabajadora y con una pasión por la vida. Estaban tan por encima de mis posibilidades que jamás pensé en el recorrido que habían hecho para llegar hasta allí. Durante la cena, conocí a Rodrigo. Era joven, ingeniero, tenía una fuerte vocación por los proyectos sociales y estaba trabajando en McKinsey. También había JM, con un inigualable sentido del humor y capacidad de escuchar a los demás. Tanto el cómo Fronti se dedicaban a la investigación. Carlos cerraba la tuna; era ingeniero y no tenía claro si era mejor hacer un submarino o un helicóptero (acabo siendo un dron). Durante esos días, compartí con ellos varios momentos inolvidables: Desde preguntar a Donald Pettit por el alcohol y soledad en el espacio, recopilar las biografías de los ponentes para poder empezar conversaciones con ellos y sobretodo, reír y compartir nuestras historias personales. Me sentí casi como uno de ellos. Pero había un problema. Sabía que al volver a casa, iba a seguir sin rumbo y en la próxima conferencia, no sería nada más que un asistente.

Grupo de jóvenes, organizadores, voluntarios y Acelerados

 

El camino hacia Celera

A partir de ese momento decidí involucrarme en nuevos proyectos y con unas ganas renovadas. Me apunté de voluntario en todos los eventos relacionados con la emprendeduría, cómo WebSummit o 4Y4N. Junto con Marina, Sergi y Marc empezamos el club de emprendedores de nuestra universidad, UPC FoundersLab. Creamos la sección de startups en el Forum ETSEIB, nos agrupamos junto con los otros clubes de la ciudad en una iniciativa común; UwakeUp BCN y creamos la primera feria de trabajo en VR en Barcelona.

Noticia en el diario el Mundo, haciendo difusión de nuestro primer evento en Barcelona.

Más adelante, persiguiendo el objetivo de crear un impacto social, nos juntamos con un grupo de amigos para crear OmniGuide, una solución para mejorar la navegación de los ciegos y gente con baja visión mediante los datos abiertos y la economía colaborativa.

Y todo esto porqué os lo cuento? No pretendo tirarme flores. Os quiero hacer ver que sí, todo es posible si estás dispuesto a trabajar por ello. Sonará muy cliché pero es la verdad.

Al ser seleccionado para formar parte de Global Shapers Barcelona, paré un momento a mirar hacia atrás. Hace dos años, mi CV era un papel en blanco y gracias a esa motivación interior; ahora lo complicado era resaltar lo más relevante.

                                                                                                       Disfrutando el sprint en HackUPC 2016

Mi candidatura a Celera

A pesar de mi crecimiento personal, sigo siendo una persona llena de defectos: me cuesta priorizar entre lo más importante y lo que me apetece hacer. Sigo teniendo una mentalidad demasiado ingenieril y tengo un miedo terrible al fracaso. Quiero crecer personal y profesionalmente para tener la capacidad de inspirar a otros. Por todas estas razones, decidí presentarme.
Seguramente os preguntaréis cómo funciona la candidatura. Hay 3 fases, un vídeo junto con un typeform, una entrevista personal y una selección de los 10 acelerados por parte de un comité de expertos independiente.
No se interactúa con el comité así que todo depende de los ensayos, el vídeo y la entrevista. De cara a la entrevista, mi mejor consejo es que seáis vosotros mismos y que os podáis sincerar bien de cara vuestras necesidades y no tengáis miedo de explicar vuestros logros. Para el vídeo y los ensayos, hay muchos enfoques, desde cantar, nadar, dibujar, presentar pero lo más importante, es que os sintáis cómodos.
En mi caso, lo que más me costó fue el vídeo; que conseguí entregar a las 23:58, justo antes de que cerrara el plazo. Fui pasando las fases y finalmente, pude cumplir mi sueño de poder formar parte de esta gran familia.

Vivencial Celera G1-G3 2017

Ahora con Celera

Mis objetivos a principio de año eran aprender a programar, participar en un Imagine y aclarar mi futuro profesional.

https://twitter.com/jcllobet/status/816290457860902912?ref_src=twsrc%5Etfw&ref_url=https%3A%2F%2Fmedium.com%2Fmedia%2Fe32dec2a4139ac229f4e7ada959a13aa%3FpostId%3Dcb6f199fcaf1

Tras unos meses en el programa, me gustaría resumir los 3 puntos clave dónde siento que Celera me ayuda a mejorar en mi día a día:

Habilidades socio-emocionales: Tener un acompañamiento para gestionar el fracaso, expectativas o sencillamente, desarrollar soft skills y la inteligencia emocional.
Networking: Una gran red de contactos en multitud de sectores que te facilita llevar a cabo tus proyectos o juntarte con otros acelerados para llevar a cabo iniciativas cómo PasiónxTalento.
Mentoría: Es muy importante saber seleccionar bien las opciones del presente con una visión de los objetivos a largo plazo. Poder contar con alguien que tiene como propósito ayudarte a alcanzar tus metas y te puede aconsejar en base a su experiencia y de una manera honesta, tiene un gran valor para mi.
Sigo creciendo día a día y con una nueva familia. No he cumplido todos mis objetivos. Sigo intentando aprender a programar poco a poco y conseguí ser el dreamer #12 para Imagine Silicon Valley. Lo que sí que os puedo decir es lo siguiente:

Nada de esto sería posible sin Celera.
Si tienes talento, no dudes presentar tu candidatura!! Link aquí.

Reflexiones de un ingeniero español en Boston

Por:  Mario Merino

Gracias a un proyecto Europeo en el que estamos trabajando en la UC3M, estos tres meses de verano he tenido la oportunidad de trabajar en el centro de física de plasmas y fusión (PSFC) del MIT, en Cambridge, MA. He de decir que era la primera vez que me desplazaba a Nueva Inglaterra y la idea de visitar el renombrado Massachusetts Institute of Technology me mantuvo lleno de excitación desde que el momento en que me confirmaron la estancia. Mi aventura empezó de la mejor manera posible: tuve la suerte de aterrizar a mitad del II encuentro de españoles científicos en Estados Unidos (ECUSA), que casualmente se celebraba en MIT este año. Javier García, promotor y cofundador de Celera, fue quien me hizo saber de la existencia de este evento y una vez allí me presentó a varios de los asistentes, con algunos de los cuales después he trabado amistad durante mi estancia.

Si bien el objetivo principal del viaje ha sido aprender sobre la física de ondas electromagnéticas en plasmas para progresar en el desarrollo de un nuevo tipo de motor espacial eléctrico que no use combustibles químicos, también tenía curiosidad por conocer cómo es la vida en la costa Este, en el MIT y descubrir de primera mano qué es lo que hace única a esta institución, siempre en las primeras posiciones de los rankings internacionales, produciendo muchos de los descubrimientos científicos de los últimos años, con incomparables resultados en transferencia tecnológica e innovación; acogiendo, además, a un amplio número de premios Nobel. Y sí, estoy de acuerdo: este es sin duda un tema altamente manido y sobado, sobre el que existen análisis profundos de gente que sabe mucho mejor que yo de lo que habla, y con opiniones tan numerosas, coloridas y variadas como las bebidas gaseosas que uno se encuentra en uno de los supermercados de este lado del Atlántico. A pesar de ello, no me he podido resistir a compartir mis experiencias y mi visión de la cuestión en este post, donde entresaco algunas de las reflexiones que he hecho durante mi estancia. Así que, sin más preámbulos ¡allá va!

En primer lugar, no puedo dejar de mencionar un factor que sólo indirectamente depende del investigador, éste es la gran diferencia en recursos económicos que posee una universidad americana de este pelaje, en comparación con una universidad media en España, MIT juega con un presupuesto de más de 3000 millones de dólares. Como ejemplo español, la Universidad Carlos III de Madrid dispone de 160 millones de euros. Es cierto que el tamaño de las universidades es bastante diferente; aún así, si dividimos por el número de empleados total, el presupuesto por empleado de MIT es de casi 5 veces más. Está claro que la financiación no es el único aspecto que nos separa, pero valdría la pena no olvidar que una máquina bien engrasada funciona mejor.

Por otra parte, y dejando la importancia de los dineros de lado, hay aspectos que tienen que ver más con qué se espera del investigador y cómo se le trata. Me explico: tanto en EE.UU como en España es fácil encontrar investigadores muy ocupados, que trabajan 10 (o más) horas al día, y que echan también muchos de sus fines de semana en el trabajo. Tenemos mucha pasión por nuestro trabajo. Sin embargo, el porcentaje de esas horas que se dedica realmente a la investigación en un sitio y otro, es muy distinto: mientras que en EE.UU es habitual contar con equipo de apoyo en la universidad para liberar al investigador de ciertas tareas, en España lo común es que el investigador deba hacer malabares para coordinar tareas de gestión de bajo nivel junto con la docencia y la investigación, con mucha menos ayuda por parte de la universidad. Así, se encuentra a menudo dedicando valiosas horas a mover papeles de aquí para allá. El amor por la burocracia que existe en España (¡y en general en Europa!) acrecienta el problema cuando, por ejemplo, uno necesita prácticamente cinco folios y tres llamadas telefónicas para justificar la compra de un billete de tren para asistir a una reunión de proyecto.

En tercer lugar, creo que existe un elemento relacionado con la cultura de las personas que trabajan aquí, o con su manera de entender el mundo y el trabajo que realizan. Me atrevería a afirmar que el concepto de impacto real está más arraigado en MIT que en una universidad media en España. Tratar de tener impacto real a menudo conlleva asumir riesgos, o incluso salirse del camino “marcado” para explorar vías nuevas. En aras de minimizar riesgos y asegurar una posición académica lo conveniente es, sin embargo, seguir haciendo lo de siempre y publicar cuantos más artículos científicos mejor, sean de la calidad que sean, para “hacer currículum”. Con ello, a menudo se deja de lado (o incluso se evita completamente) crear impacto real. De esta manera, el investigador avanza tranquilo en su carrera y además mantiene a la universidad feliz, porque ésta puede hablar de una gran producción científica en el número de artículos.

Si bien es cierto que hay excelentes investigadores en España con verdadero impacto real, y si bien en MIT y demás universidades americanas, también se tiene miedo al publish or perish, percibo que lo segundo es más común en España, donde también somos como norma más reacios al riesgo.

Por último, otro factor que considero central es el papel y la actitud del estudiante en MIT, como parte fundamental de la comunidad universitaria. Mientras que en España un estudiante medio no pisa un laboratorio salvo para hacer las prácticas de una determinada asignatura, aquí vive en él; desde proyectos de asociaciones de estudiantes hasta asignaturas de aprendizaje por proyectos, los estudiantes aprenden tocando, con todos los materiales y equipo a su disposición. Se les permite que organicen los laboratorios a su gusto. Tienen una vida académica mucho más completa. Se les anima si quieren probar algo o emprender, en América está internalizada la filosofía de que intentar algo, incluso aunque concluya en un fracaso, es una forma muy valiosa de aprender, y que no hay que avergonzarse por fallar. Al mismo tiempo, cuentan con menos cursos por semestre, lo que implica una menor carga de asignaturas, pero se encuentran tan entusiasmados con lo que están haciendo que nunca se quejan de todo lo que tienen que hacer en cada una de ellas: valga de ejemplo la asignatura de propulsión eléctrica espacial que tienen en MIT, donde los alumnos han de diseñar, construir y ensayar un motor cohete de plasma en un semestre (para lo cual incluso casi tienen que dormir en el laboratorio a veces). Algo así es muy difícil de implementar en España, por múltiples razones. Es en este caldo de cultivo en el a menudo los mejores estudiantes descubren su pasión por la ciencia y hacen auténticas contribuciones a la misma.

En resumen, y sin quitar valor a lo nuestro, siempre que podamos debemos mirar a nuestro alrededor, pues de todo se puede aprender algo. En esta última semana que me queda en Boston, espero seguir aprendiendo y disfrutando de esta bonita parte del mundo. Y volver a España lleno de energía.

La mejor aventura comienza con un libro

Roberto Gómez de la G3 y su socio lanzan “Horbito”, la nueva nube.

Nuestro Celerado Roberto Gómez, y su socio Javier Garmón, ambos de 25 años, son los fundadores de Horbito, una página web que funciona como un ordenador. A través de horbito cualquier usuario es capaz de acceder a sus archivos desde cualquier lugar del mundo y trabajar online sin instalar, configurar o sincronizar nada; sólo necesitas acceso a Internet. “Mientras la vieja nube (Dropbox, Google Drive, OneDrive…) se basa sólo en sincronizar archivos entre todos los dispositivos del usuario, horbito te permite acceder a tus programas para trabajar con ellos directamente online”, defiende nuestro celerado Roberto Gómez, CEO de la compañía.

Su socio y compañero, Javier Garmón, explica que horbito replica la experiencia de un ordenador tradicional de manera que no tienes que preocuparte por roturas, robos o pérdidas. Es un producto que se ha diseñado pensando en la futura generación de trabajadores que podrán trabajar desde cualquier lugar del mundo sin tener que preocuparse de nada.

Roberto y Javier, pusieron en marcha el proyecto en el año 2011 mientras estudiaban Ingeniería Informática en la Universidad Politécnica de Madrid. Los Sistemas Operativos no avanzaban como ellos querían y siempre pensaron que el futuro de los ordenadores y de Internet sería muy parecido a lo que es horbito hoy.

En segundo de carrera ganaron el premio actúaUPM al mejor proyecto promovido por estudiantes de la Universidad y en el verano de 2014 fueron una de las 4 startups internacionales seleccionadas por el MIT para participar en la aceleradora MIT GFSA. Se convirtieron en la única startup de Europa y la primera en toda la historia del programa en cumplir todos los objetivos propuestos y a su vuelta a España aparcaron la carrera para centrarse al 100% en horbito.

En 2015 fueron seleccionados por Impact Accelerator como una de las 20 startups más prometedoras de Europa. En marzo del 2016 lanzaron la primera versión pública de la plataforma, que ya cuenta con más de 20.000 usuarios registrados. En abril del año pasado cerraron una primera ronda de inversión de 200.000 € y acaban de cerrar una nueva ronda de 1 millón de euros.

Ahora lanzan una versión estable de la plataforma y trabajan para integrar todas las aplicaciones web más importantes en horbito: desde Dropbox, Google Drive y OneDrive; hasta Gmail, Calendar, Facebook, Slack, Telegram, Hotmail; pasando por Trello, Wunderlist, etc. También están desarrollando una API para que cualquier desarrollador del mundo pueda crear o integrar sus propias aplicaciones en horbito.

Su próximo reto: Convertirse en el “Sistema Operativo de la web”. ¡Os tendremos informados de su evolución!

Ya llevan tiempo entre nosotr@s, aunque no podamos verlos…

Por: Jose Miguel González Domínguez

La nanociencia ha sido uno de los mayores cambiadores de paradigma en la reciente historia del ser humano. El estudio de la materia en porciones extremadamente pequeñas, unas 50000 veces más fino que el grosor de un cabello humano, ha supuesto el descubrimiento de nuevas propiedades y fenómenos nunca antes vistos en la escala macroscópica, la que podemos ver con el ojo. Por ejemplo, nuevos efectos ópticos, extraordinarias conductividades eléctricas y térmicas, o resistencias mecánicas superiores a todo lo conocido hasta la fecha.

Todo ese conocimiento ha derivado en la posible creación de productos tecnológicos que se beneficien de tales propiedades, pudiendo contribuir al avance de la sociedad en todos los frentes posibles. De ahí nace la nanotecnología. Si bien la palabra que comúnmente usamos para describir toda esta revolución es nanotecnología, en gran número de ocasiones la estaremos confundiendo con nanociencia, ya que nos referiremos a un fenómeno científico concreto y no a un producto tecnológico específico. En palabras de un genio divulgador que me ha inspirado este texto, “la nanotecnología no es hacer las cosas más pequeñas, es hacerlas nuevas y únicas”.

En Estados Unidos, que nos sacan años luz de distancia en estos temas, tienen un día Nacional de la Nanotecnología (el 9 de octubre), y es una prueba palpable de la relevancia que para ellos tiene este fenómeno. He perdido la cuenta de las veces que me han llegado a preguntar: si tan maravilloso es eso que investigas ¿por qué no lo puedo comprar y tener en mi casa? Pues bien, es cierto, no encontramos generalmente nanotecnología en venta, en las estanterías de nuestro supermercado…. O quizá si…. Sólo hay que mirar un poco a fondo y nos sorprenderemos.

En 2005 el Woodrow Wilson International Center for Scholars en el marco del Project on Emerging Nanotechnologies creó la conocida Nanotechnology Consumers Product Inventory (CPI), una lista de productos de consumo que incorporasen de un modo u otro los fenómenos de la nanoescala. La actualización de dicha lista en 2013 recogió 1814 productos, provenientes de 622 empresas distintas y de 32 países. Las estadísticas son de lo más curioso: la categoría de deportes es la que más productos tiene (un 42% del total); la nanoestructura más vendida es la plata (24% del total de productos); un 49% de los productos recogidos en la lista no especifican de qué nanomaterial están provistos (muy probablemente debido a secreto comercial); alrededor de un 29% de los productos especificados en el CPI consisten en el nanomaterial suspendido en algún medio líquido, siendo el rociado en superficies o aplicación dérmica. Gracias a esta lista se han podido llevar a cabo iniciativas de documentación colectiva (croudsourcing), permitiendo a usuarios editar la información de los productos y a científicos incorporar nuevos hallazgos, ya sea en la exposición humana o medioambiental, como los estudios de ciclos de vida.

Pero hasta este punto solo se han hablado de números, no de nanotecnología. ¿Qué clase de productos podemos comprar? ¿Son realmente útiles y significativos? Juzguen ustedes mismos con los ejemplos que se describen a continuación.

Número de productos nanotecnológicos de consumo desde 2007 (fuente: M. E. Vance y col. Beilstein Journal of Nanotechnology 2015, 6, 1769-1780).

La casa Samsung es una de las que más apuestan por la nanotecnología, y prueba de ello son sus más de diez años fabricando prototipos y modelos comerciales de productos de consumo con algún tipo de nanoestructura incorporada. Uno de sus productos más llamativos es una lavadora, que limpia y desinfecta la ropa gracias a una pequeña plancha de plata situada en el tambor que libera paulatinamente nanopartículas de plata en los lavados, que quedan en la ropa y cuya actividad bactericida repele el crecimiento de bacterias (las causantes del mal olor), alargando los tiempos entre lavado y lavado. Otro ejemplo de Samsung más reciente es su televisión Q-LED, que contiene quantum dots (un tipo específico de nanopartícula) de materiales semiconductores, cuya calidad de imagen es excepcional, y dura muchísimos más años sin perder ni un ápice de calidad (según el fabricante). En lo que respecta a material deportivo, la casa comercial HEAD, tiene una línea de raquetas de tenis y de esquís reforzados con grafeno, la nanoestructura de carbono más popular, que le otorga altísima resistencia mecánica y una mayor conductividad eléctrica para disipar efectos electrostáticos no deseados; y hablando de grafeno, se conocen ya ejemplos de la incorporación del mismo en chasis de coches, como es el caso del GTA Spano, que gracias al grafeno ha conseguido un chasis con datos récord en resistencia. Otras aplicaciones más de “andar por casa” podrían ser los recubrimientos de la empresa Ultraeverdy (www.ultraeverdry.com), que venden unos sprays o botellas con un líquido en la que hay unas nanoestructuras suspendidas (por desgracia, secretas) que al ser esparcido por cualquier superficie la convierten en “superhidrofóbica” y “oleofóbica” a la vez, o sea, una vez rociado el producto, NADA puede mojar esa superficie, todo resbalará sin dejar rastro, ya sea acuoso u oleoso. Un producto ideal para deportistas de exteriores (para su calzado, su ropa…) para fachadas, para material de trabajo de mecánicos, y un largo etc.

GIF animado tomado de la página de Ultraeverdry (¿alguien puede adivinar quién de los dos se ha rociado con el producto?)

Productos caseros con nanotecnología también son ciertas cremas solares, como de Nivea o SkinLab, que contienen nanopartículas de óxido de titanio u óxido de zinc, capaces de absorber la luz ultravioleta del sol y protegernos así de sus efectos dañinos, muchísimo más eficientemente que las partículas clásicas (de mayor tamaño) de estos mismos materiales.

La mala noticia de todo esto, es que en la CPI, anteriormente mencionada, existe al menos un 71% de productos nanotecnológicos de los cuales no se ha proporcionado suficiente información ni si quiera para constatar que verdaderamente se trate de nanotecnología. Aunque la nanotecnología ya está entre nosotros y la tenemos al alcance, aún hay que solucionar importantes cuellos de botella, como son la creación de un método estandarizado global y la métrica para la caracterización de los nanomateriales, que bien especificado en el etiquetado, facilitaría mucho al usuario en determinar las potenciales rutas de exposición, toxicida, contraindicaciones, etc. Recordemos que desde que el primer prototipo de avioneta que consiguió volar hasta el establecimiento de la industria aérea, pasaron muchas décadas, así como la automoción o los tratamientos contra el cáncer. Todo tiene su proceso de salida al mercado, y es necesario seguir investigando (los que estamos en ese campo) para hacer la transición más factible y segura. Aún así, los escépticos y los que no conocen estos nuevos avances ya pueden acceder a algunos productos y decidir si la nanotecnología les va a suponer un vuelco en sus vidas.

Crónica de un #STARMUS

Por: Daniel Pérez Grande

¿Por dónde empezar? Mi cabecita está llena de ideas, de conversaciones, de observaciones, de recuerdos, de nuevas amistades (spoiler alert, algunas han llegado a escapar el campo gravitatorio terrestre) y de la luz de ese sol inagotable que nunca se pone, y que nos brindó la mejor despedida posible el Viernes 23: un arcoiris de media noche, que se produjo cuando dio por concluida la IV entrega del festival STARMUS, después de una semana respecto a la que usar las palabras “apasionante” o “increíble” parece insuficiente.

Supongo que sería justo decir que mi interés por el STARMUS comenzó el año pasado con una maravillosa crónica por parte de Javier Frontiñan, investigador y miembro de Celera; aunque yo había oído hablar de este evento antes de aquello, no fuí consciente de lo que me había perdido hasta que lo experimenté a través de las palabras de Javi. STARMUS es un festival joven, sí (como nos reconoció el propio Garik Israelian, padre del festival y también padre de las observaciones que nos llevaron a entender que las supernovas y los agujeros negros están irrevocablemente unidos, la primera edición del festival solo contó con 49 personas en el público ), pero en su cuarta edición ha alcanzado ya los miles de asistentes y la cobertura mediática asociada a traer a astronautas, leyendas del rock, astrofísicos, biólogos y casi una docena de premios Nobel.

Si tuviese que describir STARMUS, diría que es el lugar donde se entiende, realmente, qué época tan increíble estamos viviendo; por un lado, el más científico quizás, asistimos a un gran número de charlas de altísimo nivel: empezando por Stephen Hawking y su atrevida apuesta por alcanzar nuestra estrella más cercana a lo largo de este siglo (el famoso Starshot), pero también otras, como la de Emmanuelle Charpentier, sobre la tecnología de edición genética CRISPR-Cas9 (que sin duda le llevará a ganar el premio Nobel en algún futuro cercano), la de Edvard Moser, sobre las células del cerebro que se encargan de la orientación espacial o, quizás mi favorita, la de Sara Seager, sobre la búsqueda de señales biológicas en las atmósferas de exoplanetas (sobre este tema, cabe decir que el último conteo de planetas extrasolares, gracias a la misión Kepler, pone la media en 2 planetas por cada estrella de la Vía Láctea… algo para tener en cuenta la próxima vez que observemos un cielo estrellado). Pero, por supuesto, STARMUS no solo celebra la ciencia sino también los esfuerzos por comunicar sus resultados: en ese sentido dos charlas que no dejaron a nadie indiferente fueron las de Jeffrey Sachs, sobre cómo sobrevivir al cambio climático, a Trump y a otras crisis globales, donde expuso su visión sobre el sistema oligárquico estadounidense, su relación con el cambio climático y la necesidad de enfocar el problema de “abajo a arriba”, y hacer partícipe a la población de ello, y la de Katharine Hayhoe, que habló de cómo y dónde centrar nuestros esfuerzos de comunicación si queremos que haya un cambio real respecto al calentamiento global; ambas charlas muy potentes, que supusieron una verdadera llamada a la acción para enfrentarnos a este problema.

Finalmente, STARMUS hizo eco de una tendencia de la que me siento muy partícipe a nivel personal: la de la intersección del arte y la ciencia (la famosa “A” en el STEAM: Science Technology Engineering Arts & Math), gracias en parte a la orquesta filarmónica de Trondheim, que ayudó a Brian Greene a narrar su épica historia: “Ícaro al filo del tiempo” y a May-Britt Moser a describir cómo el cerebro genera un mapa espacial de sus alrededores. Músicos, por descontado, no faltaron en un festival donde la música supone la mitad del nombre (el famoso MUS) y varios conciertos cerraron los días en el festival, incluyendo una verdadera lección en “maestría” por parte del inolvidable guitarrista Steve Vai.

Parece que STARMUS no se volverá a celebrar hasta el 2019, lo cual nos confirmó Iñaki Soroa, cofundador del evento; visto el crecimiento exponencial del evento, no me sorprende, ya que el trabajo para organizarlo debe ser poco menos que titánico. Dos años es suficiente tiempo para limar, también, algunas asperezas, ya que el evento no ha estado exento de polémica: a parte de las bajas en persona de Buzz Aldrin y Stephen Hawking, los paneles, sobrados de personalidades científicas y mediáticas, carecieron a veces de enfoque e hilo narrativo; por otro lado, en palabras de mi amiga Tia Tidwell, “STARMUS sufrió de problemas de diversidad en cuanto a género, raza y edad”, problemas de los que hicieron eco, de forma muy sonada, Sara Seager, que decidió abandonar el evento a mitad de camino, o Alexandra Witze, corresponsal para la revista Nature, que fue muy crítica durante su tweeting en directo del evento.

Por supuesto, 2019 también supone el 50 aniversario de la llegada del hombre a la Luna, así que será, sin duda alguna, un gran momento para volver a celebrar un STARMUS con renovadas fuerzas e inspiración. Por mi parte, solo espero que pueda volver a repetirse el panel de “Moonwalkers”, en el que Buzz Aldrin, Harrison Schmitt y Charlie Duke, astronautas de las misiones Apollo todos ellos, conducidos por un grande la comunicación científica, Neil Degrasse Tyson, nos recordaron por qué es importante que la humanidad sueñe con las estrellas. Hasta entonces, habrá que soñar en clave de #STARMUS.

Primeros pasos en Silicon Valley

Por: Jan Carbonell

Tras un largo vuelo, finalmente llegamos a la meca de los emprendedores. Nada más llegar a Draper University, preparamos las maletas para ir hacia Yosemite. Tras un paseo corto por San Mateo, pude observar dos cosas:

Hay un enjambre de Teslas circulando por la ciudad y a la vez, San Francisco tiene un gran porcentaje de homeless, casi 10.000 de sus 800.000 habitantes

Esto me parece una interesante metáfora de cómo esta tierra de oro puede dar sus frutos y a la vez, no perdona nada. Al no tener seguridad social, paro o apoyo por parte del estado, es muy fácil verse atrapado en esta espiral hacia abajo. En este sentido, creo que los países nórdicos están mucho más comprometidos con el bienestar social y este es un modelo de riqueza más igualitario que deberíamos perseguir.

Ser emprendedor implica tomar riesgos. Sin embargo, muchas veces sufrimos del survivorship bias. Se tienden a contar las historias de los unicornios y gente que arriesgó hasta su último dólar y ahora viaja permanentemente en clase business. El fracaso y los errores, deberían de ser igualmente contados, del mismo modo que recordamos momentos históricos que no queremos repetir.

Where Magic Happens

Uno de los elementos de Imagine es el conjunto de experiencias que te sacan de la zona de comfort. Aunque cueste, se agradece salir a correr por las mañanas. Ayer, entre workshop y workshop también nos bañamos en un río helado… genial para las articulaciones. Ernesto demostró su stamina de triatleta y Marc y Marta compitieron a ver quien aguantaba más con los pies al río (ganó Marta).

Después de un genial desayuno nos fuimos hacia El Capitán, la pared vertical más larga del mundo que recientemente consiguió escalar por primera vez sin cuerda Alex Honnold. Al parecer, debido a la proximidad del 4 de julio, muchos californianos habían también decidido hacer lo mismo, por lo que nos toco un buen atasco en el parque. De camino hacia Glacier Point… vimos un oso!! Conseguimos llegar justo con la puesta de sol y fue una vista increíble. Conseguí sentarme en una roca alejada dio lugar a una de las sesiones de meditación más impresionantes de mi vida.

Wrap up

Esto es todo por hoy. Mañana toca correr de nuevo, determinar los equipos y hacer un par de excursiones. Espero que os haya gustado!

Un abrazo,

Jan

5 proyectos para mejorar el mundo, arrancan del Celeraton

Un total de 17 disciplinas distintas se han dado cita en una iniciativa que busca la resolución de problemas desde diferentes ámbitos del conocimiento.

En enero de este año, la asociación Celera dio inicio a la I edición del Celeratón, un evento que persigue fomentar la investigación interdisciplinar en España mediante la emulación de los Hackatones de emprendedores y la fórmula que utilizan científicos de talla mundial en el prestigioso Santa Fe Institute. Seis meses después la iniciativa ha demostrado que ha sido capaz de generar un espacio donde investigadores de hasta 17 disciplinas distintas han interactuado entre ellos: Economistas, filósofos, abogados…en el que puedan abordarse temas comunes y conocer los puntos de vista de los distintos participantes.

Esta iniciativa, promovida por Celera y que ha contado con el apoyo de la Fundación Rafael del Pino, la Universidad Pontificia Comillas y la Fundación Pons, ha alumbrado un total de 5 proyectos que resumimos a continuación:

  • Incluciencia: ¿cómo reducir el fracaso escolar? Aplicando el método científico y realizando un exhaustivo trabajo sobre el terreno junto con el Centro de Formación Padre Piquer de Madrid Incluciencia ha llevado a cabo acciones concretas de cómo lograr aumentar la motivación y la atención de estudiantes adolescentes. Dirigido por: Jose Miguel González, Beatriz Monerri, Cecilia Barbas, Margot Roig.
  • Woman in Movement: un proyecto que busca el bienestar psicosocial y físico de las mujeres a través de la actividad físico-deportiva. Dirigido por: Isabel Rossignoli, Carla Rodríguez, Noelia Belando y Vanessa Carral. 
  • Cityfeel: buscan crear de una plataforma independiente y en tiempo real que permita medir la calidad medioambiental en las ciudades. Esto con el objetivo de conocer y concienciar sobre la “salud de la ciudad”.
  • Plástico a examen: Este proyecto busca reducir el uso del plástico y proponen crear un blog, para no solo concienciar a las personas del uso adecuado del plástico sino brindarles soluciones prácticas de cómo hacerlo.
    Dirigido por: Pilar Gil, Luna Gutiérrez, Sandra Cifuentes, Raúl Alonso, Margot Roig.
  • Desertec 2.0: Proyecto destinado al análisis de los efectos socio-políticos que tiene las energías renovables en Marruecos y España.
    Dirigido por: Joao Gorenstein, Rafael Espejo, Pedro Ciller, y Marta Fernández.

Esta iniciativa no ha solo ha permitido que algunos de estos proyectos ya estén ejecutados y otros están en pruebas piloto, sino que los participantes hayan creado sinergia entre sí para solucionar problemas actuales de la sociedad con perspectivas distintas y complementarias.

¿Qué pensamos los españoles sobre la ciencia y la tecnología?

Por: Javier Frontiñan

Con una frecuencia anual la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECyT) publica su “Encuesta sobre percepción social de la ciencia”, un estudio en el que se analiza minuciosamente la relación directa entre ciencia y sociedad en nuestro país. Se trata de una encuesta que ofrece una información fundamental tanto para científicos como para la sociedad general y que deberían tomar muy en serio nuestros dirigentes. De ella se extraen conclusiones que deben invitarnos a una obligada reflexión como que del total de ciudadanos poco interesados por la ciencia, el 33,5% es porque no la entienden. Profundicemos en este interesante estudio.

Esta encuesta ofrece una visión muy significativa ya que está conformada por 6357 entrevistas a personas de diferentes edades y de toda la geografía española, de hecho se han hecho mínimo 350 encuestas por región.

En nuestra sociedad encontramos un 16,3% de la población con un interés “espontáneo” por la ciencia, esto se refiere a que entre este porcentaje de la población, la ciencia es uno de sus principales intereses. Es de destacar, que en el caso de las mujeres este interés se ha incrementado significativamente desde la última encuesta, mientras que en hombres ha descendido ligeramente.

En relación con lo que acabo de comentar, la ciencia y la tecnología se sitúan en sexto lugar en temas de  interés, por detrás de medicina, educación, alimentación, cultura y medio ambiente, estando casi un 60% de la población algo o poco interesada por la ciencia. Es importante destacar la cifra que comenté al inicio del artículo, según la cual un porcentaje alto de las personas menos interesadas lo están por que no la comprenden. Es fundamental que los investigadores redoblemos nuestro esfuerzo por acercar la ciencia a la calle- Estoy seguro que si se hiciera una encuesta a los científicos de instituciones públicas españolas sobre su interés por la divulgación, el porcentaje de desinteresados sería mucho mayor que el de la sociedad desinteresada por la ciencia. En ningún momento quiero decir que todo investigador debe divulgar, pero al menos no debe poner trabas a aquel que sí que quiera.

Uno de los resultados que más destaca la FECyT es el bajo porcentaje de personas que creen que la ciencia genera más prejuicios que beneficios sobre la sociedad, y como este porcentaje se ha reducido en comparación con el casi 10% de 2002. Pero el dato más llamativo, por lo menos desde mi punto de vista, es el elevado porcentaje de la población que cree que los beneficios y prejuicios de la ciencia están equilibrados. Se trata de más de un 25% de la población, estamos hablando de que una de cada cuatro personas mayores de 18 años en España, creen que la ciencia genera el mismo mal que bien…y esto es realmente alarmante. Todo ello es consecuencia de la visión sesgada que se da de la ciencia y la tecnología en medios de comunicación y redes sociales, donde en muchas ocasiones las noticias alarmistas y la tiranía del titular imperan por encima de la credibilidad. De hecho es en los temas que más polémica suscitan en medios, en los que la sociedad ve mayor prejuicio, por mucho que la ciencia se haya esforzado, en muchos casos, en demostrar que no generan prejuicio alguno.

Pero el estudio permite indagar y profundizar en todo lo que subyace a lo comentado hasta el momento. En esta edición, se ha hecho un especial énfasis en las fuentes de información a las que acudimos los españoles para informarnos sobre ciencia. Según esta encuesta, la mayoría de las personas utilizan como primera opción las redes sociales y como segunda la televisión. El problema radica en cuales son los medios específicos utilizados, algo en lo que no se profundiza en el estudio.

Si nos detenemos primero en la televisión, por desgracia vivimos en un país donde la ciencia brilla por su ausencia en la mayoría de las cadenas, salvando a la televisión pública que sí que nos ofrece programas de gran interés y calidad. La relación es sencilla, si a la sociedad no le interesa la ciencia, ¿por qué iban las cadenas privadas a invertir en programas divulgativos? No olvidemos que estas cadenas carecen de programación cultural salvando algún concurso televisivo y un programa de libros cuya presentadora en más de una ocasión ha demostrado ser la antítesis de la cultura, por decirlo de una forma educada. Aun así hay esperanza y programas como Órbita Laika o El Cazador de Cerebros presentan unos índices de audiencia respetables. Entre las redes sociales, gana por goleada Facebook, y sí, en la gran red social hay contenido científico muy bueno, pero no es fácil encontrarlo. Además, me sorprende como ha incrementado Instagram como fuente de conocimiento científico… Por lo tanto, esto nos indica claramente que medios de divulgación científica deben redoblar esfuerzos por hacerse presentes en estas redes, al igual que universidades y centros de investigación, algo que no siempre ocurre, ya que se suelen caracterizar por cuentas casi vacías de contenido.

En el estudio también se ha puesto de manifiesto el vídeo como una de las principales vías de información. Por lo tanto, en la era de la inmediatez, contar la ciencia en pocos minutos y de una forma sencilla y atractiva parece ser un valor seguro, que de nuevo obvian la mayoría de centros y entidades incluso medios de comunicación, dedicados a la ciencia.

Otro factor fundamental es la educación, ya que la valoración media de la educación en ciencia en nuestro país es considerada como baja o muy baja por más de un 44% de la población. Y esto, ¿debería de sorprendernos?, pues no. Si tenemos en cuenta que la ciencia apenas está presente en parte de la educación clásicamente mal llamada de “letras”, que además estamos empeñados en esa estúpida separación de “ciencias” y “letras” y que encima la mayoría de la gente no considera ni siquiera asocia la ciencia con la cultura pues es un problema muy complejo. A eso hay que sumarle la total incultura científica de nuestra clase política y todo personaje público que se tercie, el ridiculizar a la ciencia y al científico en programas de prime time y el permitir que la pseudociencia campe a sus anchas por nuestra sociedad. Pero no debemos tirar solo balones fuera y no hacer autocrítica. En muchos aspectos, muchos científicos aun mantienen ese halo de sabiduría y arrogancia que les hace ver la divulgación como algo inútil e incluso ridiculizan y menosprecian a aquellos que dedican parte de su tiempo a acercar sus investigaciones a la sociedad. Por suerte, esta tendencia está cambiando y cada vez se valorará mejor la divulgación científica en la carrera investigadora.

Por toda esta parrafada que acabo de escribir, no voy a entrar en comentar las preguntas sobre cultura científica enmarcadas en esta encuesta y que tanto titular ofrecen. Creo que de esta encuesta podemos sacar conclusiones y posibles soluciones para que cada vez los porcentajes de personas que fallan estas preguntas se reduzcan. Como buena noticia la de investigador sigue siendo considerada la segunda profesión mejor valorada tras la de médico, que para este caso me permito el lujo de unirlas. Esto es muy buena noticia ya que supone que médicos e investigadores son consideradas figuras importantes y respetables por lo que sus opiniones deben de serlo también. Por lo tanto tenemos una gran responsabilidad de acercar la ciencia a la calle, enseñar a las personas lo sencilla que es, como explica todo lo cotidiano y como nos ayuda en nuestro día a día. Si esto se hace desde la humildad y con el único fin de educar e informar, conseguiremos llegar a las personas y cambiar la balanza.

No debemos olvidar algo fundamental, y es que los investigadores (la mayoría), recibimos nuestro sueldo de dinero público, por lo que nos debemos a nuestra sociedad. Además, si no salimos a la calle y ocupamos nuestro lugar, este será ocupado por charlatanes psueudocientíficos sin el menor escrúpulo y con el único fin de adoctrinar y vender mentiras. La respuesta a eventos como Pint of Science o la Marcha por la Ciencia demuestran que hay un profundo interés en nuestra sociedad por la ciencia. Con nuestra ciencia e investigación podemos poner nuestro granito de arena, pero llevando la ciencia y el pensamiento crítico a la sociedad puede hacer cambiar el mundo, haciéndolo mucho más justo y como dijo mi paisano el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha “Cambiar el mundo amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia”.