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La cuarta generación de Celera está en camino

Por: Viviana Ramírez

Y ¿cómo no apostar por el talento cuando después de 3 generaciones, se han visto cosas de todo punto inesperadas? Desde hace 4 años, gracias a la iniciativa de Javier García Martínez y la Fundación Rafael del Pino, puede decirse que talento no solo es tener ese “don” o ser extremadamente bueno en algo; tener talento es saber conocerse a uno mismo, sus capacidades, sus miedos, sus ganas de salir adelante y su actitud excepcional. Pero, ¿cómo se unen estas dos variables para gestionar el talento? desde Celera se apuesta por la persona; cuenta con un programa de 3 años de duración, que, por un lado, se dirige al desarrollo de las softskills o capacidades socio-emocionales y por otro, al desarrollo del entorno de cada uno de los jóvenes, proporcionándoles grandes oportunidades como el ir como VIPs al Websummit, programas de innovación en el MIT o encuentros con Premios Nobel entre otras.

Celera cuenta con 30 jóvenes que quieren cambiar el mundo y vienen en camino otros 10. Jóvenes que tienen ideas, que luego convierten en proyectos y proyectos que están dando qué hablar. Estos jóvenes son los “Celerados”. Científicos, emprendedores, artistas, investigadores y estrategas, varias disciplinas distintas que al unirse se han complementado y han logrado impulsar eventos como “PasiónXtalento”, “el Celeratón” y “Los Premios Jóvenes Divulgadores” y que hoy día son reconocidos por sus grandes aportaciones a la sociedad.

Por solo nombrar algunos:

Carlos Matilla, es ingeniero aeronáutico y fundador de una empresa que diseña una aeronave no tripulada que aúna la facilidad y versatilidad de despegue y aterrizaje de un helicóptero con la eficiencia en vuelo y autonomía de un avión.

Roberto Gómez,  que afirma que “internet está roto” y que con horbito, un Sistema Operativo Web, puede unir todos los servicios de la nube en un único lugar. Su iniciativa fue seleccionada como una de las 20 startups más prometedoras en Europa por Impact Accelerator y hasta el momento ha captado más de €1.5M de inversión, un producto que revolucionará la manera en la que utilizamos y veamos la web, sin duda alguna!.

Maya Pixelskaya, nombre artístico y como es conocida entre sus compañeros, familiares y amigos. Artista que ha logrado llevar el mundo de los video juegos a la moda y a la pintura. Allá donde va, percibe el arte como una bomba vital y en donde muchas ocasiones refleja la belleza “en lugares donde se presupone ausente”.

Mario Merino y Daniel Pérez Grande jóvenes investigadores, que se encuentran desarrollando un proyecto destinado a propulsar las aeronaves del futuro con cohetes de plasma; estos sistemas constituyen un salto tecnológico para la propulsión en el vacío espacial y actualmente cuentan con el respaldo del programa Horizonte2020 de la UE.

Y estos son sólo 5 de los 27 que se han unido a este innovador programa durante los últimos 3 años. En febrero de 2018, una vez que han sido evaluadas más de 80 candidaturas, conoceremos a los 10 nuevos Celerados.  Quienes, al igual que los demás, han tenido que pasar por un exigente proceso de selección.

Celera es parte del cambio y por ello, tiene una estrecha relación con universidades, centros de investigación e instituciones que aglutinan el talento en España. Busca que las personas sean reconocidas no por su CV sino por sus capacidades personales y profesionales, personas que quieren revolucionar nuestra manera de pensar y actuar, personas que estén dispuestas a afrontar sus retos y sus metas y, finalmente, personas que estén dispuestas a salir de su zona de confort.

Talento, empleo e impacto en la era digital

Por: Francisco Martínez

Cuando hablamos de desarrollo del talento debemos tener en cuenta las tendencias archiconocidas por todos: la era digital va a traer muchos cambios en el mundo del empleo. Son de sobra conocidos los informes de grandes consultoras que hablan de un gran número de empleos que van a desaparecer. Sin embargo, hay voces que ponen de manifiesto que no estamos ante algo nuevo, de hecho estamos asistiendo a un fenómeno que ha tenido lugar desde la antigüedad. James Bessen, autor del libro “Learning by doing” defiende que la tecnología ha automatizado el trabajo desde la edad antigua. Debemos darnos cuenta que el número de puestos de trabajo crecerá en la medida que haya puestos de trabajo sin cubrir, y, precisamente esto, es lo que se está comenzando a producir en nuestro mercado de trabajo. Basta con poner un ejemplo reciente, el pasado mes de octubre la Fundación COTEC (Fundación para la ciencia y la innovación) publicaba un informe sobre el Internet de las cosas (IoT por sus siglas en inglés). Dicho informe pone de manifiesto que la mayor parte de las empresas de nuestro país se están preparando para la revolución del IoT y que demandan perfiles que tengan competencias que permitan cubrir sus necesidades. Al famoso Data Scientist se unen el diseñador de circuitos, programadores, especialista en autocad, ingenieros de ciberseguridad o desarrolladores de GPS entre los puestos que se van a demandar próximamente.

Este informe también recoge que en España sólo podemos encontrar cuatro títulos de posgrado que abordan directamente la materia del IoT, aunque omite MIOTI, que es instituo del internet de las cosas que se encuentra en The Cube, Madrid. No se desesperen, en Europa únicamente cinco países, me temo que tras el Brexit únicamente serán cuatro, cuentan con grados especializados en IoT. Dos de ellos Reino Unido e Irlanda.

La situación actual es una oportunidad inmejorable para tomar la delantera. Nuestro país cuenta con un 36% de paro de acuerdo con los datos oficiales del último trimestre y una tasa de desempleo total del 16,4%. Al mismo tiempo contamos con una creciente demanda de puestos de trabajo que las empresas son incapaces de cubrir ¿A qué esperamos para formar a una masa laboral que pueda cubrir tal demanda? ¿Cómo se hace esto? En primer lugar, hemos de ser conscientes de que en la situación actual los cambios se producen de forma rápida y no estandarizada. Ello obliga a que los trabajadores deban convertirse en aprendices constantes. Pero, en esta tesitura la escuela no puede ser una universidad oxidada que tiene que ajustarse a los rígidos criterios de una ANECA decimonónica. Tampoco podemos esperar que la situación mejore cuando los empresarios demandan títulos oficiales que acrediten que los empleados tienen la experiencia requerida. Hay que buscar una fórmula nueva, una fórmula que las empresas más jóvenes están adoptando y que están permitiendo ganar terreno a pasos agigantados frente a las grandes corporaciones. Esta fórmula no es otra que el “learning by doing” que promueve James Bessen. Convendría reformar nuestro sistema de Formación Profesional, que fue diseñado para la era industrial, y adaptarlo a la era digital. Una era digital donde lo importante es adquirir una serie de competencias y donde éstas no quedan acreditadas por un título que otorga una institución sino que quedan acreditadas cuando una persona es capaz de programar una página web que reúne los parámetros demandados y esta puede ser visitada por todo el mundo. Aprovecho para proponer que se saque de la reforma educativa el pacto por la Formación Profesional para que por lo menos avancemos algo en lo que a educación se refiere en este país. Tal vez en algo menos ideológico como es la Formación Profesional nos llevemos una grata sorpresa y los agentes sociales se pongan de acuerdo para acometer con éxito una necesidad urgente.

Pero esto va mucho más allá. La cuestión no radica sólo en adquirir capacidades digitales que nos permitan entender la nueva forma de funcionar de los dispositivos que nos rodean. Las interacciones y la forma de comunicar entre los seres humanos está cambiando. Los líderes del mañana transmitirán su carisma a través del smartphone y no de la televisión. Serán sus habilidades sociales las que trascenderán más allá de sus habilidades técnicas. El Foro Económico Mundial enumera las diez competencias que necesitarán los líderes del futuro: Capacidad de resolver problemas complejos, pensamiento crítico, creatividad, gestión de personas, capacidad de coordinarse con otros, inteligencia emocional, toma de decisiones, orientación al servicio, negociación y flexibilidad cognitiva.

El rol de las denominadas soft skills va a jugar un papel determinante y eso es lo que tratamos de transmitir desde Celera. En la actualidad no damos valor a las cosas que realmente importan porque nos hemos acostumbrado a obtenerlas de forma inmediata. El cambio que se ha producido en la forma de interactuar los unos con los otros y, el dar por hecho cosas que hemos tardado años en asegurar, hacen que tengamos una percepción distorsionada de la realidad. Esa percepción distorsionada aderezada por el ansia de obtener las cosas de forma inmediata está matando los valores del esfuerzo y la paciencia de nuestros jóvenes. Lo presencio a diario en Celera, por un lado tengo a dos ingenieros aeronáuticos que están investigando propulsores de plasma y que esperan resultados en un plazo de 2 o 3 años en el mejor de los casos, por otro,  jóvenes de 23 años que a pesar de su enorme talento son incapaces de darse un año para medir los resultados de su trabajo. De su impacto, como les gusta decir a ellos.

Personalmente me he encontrado en esta situación. Como he explicado en este blog alguna vez yo también me considero un millenial y, sinceramente, también he tenido la inquietud de no estar haciendo lo que se espera de mí, de no estar logrando ese famoso impacto. Hace un año alguien me hacía la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que te gusta hacer? La respuesta era que ya lo estaba haciendo. Fue entonces cuando recordé una de mis citas favoritas. Es una cita que recuerdo con frecuencia desde que vi la película Gladiator allá por el año 2000. Si habéis visto esa película recordaréis que, al inicio de la misma, Máximo se dirige a sus tropas antes de la batalla con los germanos. En su arenga Máximo habla de la muerte -¿quién habla de la muerte o de la trascendencia en la actualidad?- y en un momento determinado Máximo pronuncia las siguientes palabras: Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad. Fue al conectar mi respuesta con la cita de esa película cuando me di cuenta de que el dichoso impacto que buscamos, esa idea que tenemos de mejorar nuestro mundo y nuestra sociedad no va a verse en el corto o en el medio plazo. Únicamente la suma de todos nuestros actos y las consecuencias de los mismos traerán dicho cambio. Y eso lleva tiempo, a veces lleva una eternidad, pero es ahí donde resonarán nuestros hechos, es ahí donde lo que hagamos todos y cada uno de los días que vivamos podrá verse.

El rebaño de Unicornios extraviados

Por: Luna Gutierrez

Cuando era pequeña me encantaba cruzar esa línea que dicen separa la realidad de la imaginación, jugaba a saltar de un lado a otro con tal naturalidad que no siempre era fácil saber de qué lado estaba. Supongo que de niños nos permitimos con más facilidad cruzar fronteras, dejar volar los sueños, quitarnos los límites.
En mis viajes me recuerdo casi siempre volando en Unicornio. Sí, yo le solía poner alas o al menos le daba la capacidad de volar, y viajaba por el aire a mi propio país que era una mezcla entre Nunca Jamás y La Historia Interminable. Segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer, le decía. Mi Unicornio se convirtió en una especie de compañero de viaje, en el Artax de mi aventura.

Reconozco que ya desde pequeña me sentía diferente, especial, no del todo como el resto. Y lo cierto es que no trataba de esconderlo. Me gustaba individualizarme, poner “mi toque especial de Luna” en todo lo que hacía.
Creo que por ello nunca encajaba del todo en ningún grupo. Por supuesto que formé parte de ellos, en mi clase, en el conservatorio, con los amigos, en la universidad… Formé parte, pero nunca tuve ese sentimiento completo de pertenencia, de igualdad, de camada. No funcionaba del todo. Esa individualidad formaba, con todo lo bueno y lo malo que traía, parte de mí.

Mi primer vivencial de Celera fue algo mágico para mí. Recuerdo, y esto algunos me lo habéis escuchado contar, que llamé a mi padre de regreso a casa. “Ha sido como estar en un grupo de iguales”. No era capaz de entender por qué. Saltaba a la legua que todos éramos sustancialmente diferentes. Pero creo que por primera vez me sentía parte de un grupo, de una unidad. Y era un sentimiento muy reconfortante, porque no hacía que perdiera mi YO. Mientras hablaba mi padre me dijo que mis palabras le hacían recordar una frase de Lawrence de Arabia en la que hablaba del sentimiento de haberse sentido siempre una especie de Unicornio que no encajaba en un mundo real. Bastó que hablase de unicornios para que dedicáramos los días siguientes a buscar el maldito libro donde podía venir esa frase. Y no fue fácil, mi padre tiene bastante memoria, pero no creo que como para recordar que esas palabras pertenecían a una carta que Lawrence escribió a Dick Knowles en 1927.

“Alguna vez te has sentido como un Unicornio extraviado entre las ovejas”, le decía.

Para mí fue como como una especie de revelación, como si Lawrence me estuviera preguntando y yo gritara ¡SÍ! bien alto desde el otro lado de donde fuera. Siempre me había sentido un poco así, como la pieza del puzle que no encajaba completamente. Mi singularidad era una característica imprescindible en mi personalidad, pero también la razón de haberme sentido no parte del todo. Mi cuerno de Unicornio, supongo. Era como si para ganar ese espíritu de pertenencia completo tuviera que renunciar a él, lo que era un poco como renunciar a mí.

Un Unicornio extraviado entre las ovejas… para mí fue una metáfora perfecta. Recuperaba al que fue mi compañero de aventuras favorito, y que realmente creo no era más que una parte de mí, esa parte que se sentía especial, algo mágica, con un halo de misterio, y condenada muchas veces a una parte de soledad (que es realmente de lo que hablaba Lawrence). Tras ese primer encuentro tuve la sensación de que Celera había conseguido, y creo que quizá inconscientemente, reunir a ese grupo de piezas inconexas, a algunos Unicornios extraviados. Con la magia de hacernos sentir parte de un todo. Quizá también de recuperarnos un poco.

El primer requisito para que un Unicornio exista es que hay que creer en él. Con la edad y todo lo que ella conlleva solemos construir muros más grandes que hacen cada vez más difícil ver que es posible sobrepasar las fronteras entre eso que llamamos realidad e imaginación. Y comenzamos a dudar de la existencia de esa parte mágica, también de la nuestra. Y los Unicornios corren el riesgo de diluirse, extraviarse y desaparecer a veces. Si todo el mundo dice que no existen quizá lo más sensato sea pensar que es así, quitarse el cuerno y poder formar parte completa de ese todo. Aunque ello implique renunciarse también un poco a uno mismo.

Creo que al reunirnos ganamos una especie de billete interminable a ese otro lado de los muros. Como si se recuperara un poco esa capacidad de cruzar las fronteras, de dejar volar los sueños, de quitarnos los límites. Nos permitimos volver a creer en Unicornios, y entonces volvieron a ser reales. Creo que en parte nos recuperamos, dejamos de diluirnos un poco.

Me fui a un Chino de barrio y compré 10 unicornios tipo pequeño poney con alas (muy horteras, pero era los que tenían) y le regalé uno cada uno de mis compañeros junto a una pequeña cartulina en la que escribí:

“¿Habéis tenido alguna vez la sensación de ser un Unicornio extraviado entre las ovejas?
Celera ha reunido el rebaño”

Realmente no sé si todos se sentían Unicornios, creo que eso no es lo más importante. Cada cual tiene su propia manera de nombrarlo. Lo importante es que juntos nos volvimos grupo, unidad. Encontramos un rebaño. Y creer en el grupo nos hizo creer en nosotros y cuidarnos. Volvimos a dar valor a ese cuerno mágico que cada cual llamará a su manera pero que indudablemente nos permite ser nosotros por completo. Ojalá este sentimiento os contagie a vosotros y a todos los que vengan detrás. Y esas partes extraviadas de lo que sea por fin se reencuentren y crezcan juntas.

Porque como con muchas otras cosas, para que existan, primero se ha de creer.

Stay Open, Noviembre 2017

Ciencia en la era del “todo vale”

Por: Javier Frontiñán

El pasado 14 de Noviembre tuvo lugar, con motivo de la Semana de la Ciencia, una mesa redonda sobre Ciencia y Posverdad organizada por Celera y La Facultad Invisible en la Fundación Rafael del Pino. El acto contó con unos ponentes de lujo, María Blasco, Carlos Elías, Javier García, Antonio Calvo, Pere Estupinyá y Pilar Gil, esta última como moderadora. A lo largo de la tarde surgieron aspectos de gran interés, algunos de los cuales resumiré en los siguientes párrafos.

Es bien sabido, que en la era de las redes sociales ha cobrado fuerza el concepto de posverdad, el cual está cargado de matices, por lo que es difícil dar una descripción que los englobe a todos ellos. Podríamos definirlo directamente como “mentira”, aunque estaríamos obviando todos estos matices, otra forma de describir la posverdad sería como una mentira emotiva que nos obliga o incita a posicionarnos frente a un tema del que no tenemos por qué saber al respecto. Al final se tratan de mentiras, que colectivamente o socialmente se mantienen vigentes. La posverdad ha cobrado protagonismo en los últimos meses debido a la llegada de Trump a la Casa Blanca entre otros muchos hechos.

Esta posverdad también ha llegado a temas científicos como conceptos como el cambio climático o el movimiento antivacunas, por lo que los científicos también deben estar presentes en debates como el que tuvimos el pasado martes. De todos modos es un fenómeno, que según muchos expertos, no ha hecho más que empezar y la sociedad deberá adaptarse y enfrentarse a ella, pero ¿cómo? Para empezar, España necesita foros de discusión a largo plazo ya que como sociedad vamos a tener que tomar decisiones fundamentales respecto a temas donde la ciencia juega un papel clave. Para ello, debemos informarnos y educarnos al respecto. Como comentó Javier García, vivimos en una época en la que la opinión es sagrada.

A lo largo del debate, surgió un tema fundamental y es el cómo enfocar la divulgación para hacer frente a la posverdad científica que impera en las redes sociales. Ya que este es el principal medio donde encontramos afirmaciones rotundas sobre flagrantes mentiras. Por un lado, Pere Estupinyá afirmó que debemos acabar y evitar la mala divulgación, punto en el que todos los asistentes estaban de acuerdo. En este debate, los periodistas científicos también juegan un papel clave, Antonio Calvo Roy afirmó que para lograr generar un cambio se debe ser riguroso pero divertido, además, afirmó que los periodistas científicos, necesitan formación y especialización. Otro punto fundamental es la educación, debemos lograr que la educación científica cale en los más jóvenes, ya que, como dijo María Blasco, la ciencia es la mayor herramienta que hay hoy día en el planeta. Si queréis cambiar el mundo, la ciencia es el mejor camino.

Otro tema que generó un interesante debate fue como los científicos deben comunicar hacia la sociedad, y en este punto hubo un enfrentamiento dialéctico sobre si los científicos debemos o no defender las verdades absolutas. El hecho fundamental en este punto, es que como investigadores solemos trabajar en lo desconocido y siempre tenemos que tener la duda por delante, por lo que es muy difícil generar verdades absolutas, en la mayoría de las especialidades científicas. Este aspecto es directamente aprovechado por charlatanes y pseudocientíficos que hacen suyas verdades que en realidad son mentiras absolutas. En definitiva, los científicos sabemos lo que no sabemos, y eso, es difícil de transmitir. En este caso, el periodismo y la sociedad en general, conviven muy mal con la incertidumbre, por eso mismo, si la ciencia no ocupa un lugar en la sociedad, lo ocupará la pseudociencia.

En definitiva el problema actual, como dijo Carlos Elías, es que hemos llegado a una época del todo vale. La gente acude a las redes sociales a informarse sobre lo que le interesa sea verdad o no. Como sociedad, debemos aprender a dudar y a no creer a falsos gurús y charlatanes. Un claro ejemplo, que puede ser tomado a modo de burla por muchos, es el de los terraplanistas, un creciente grupo de personas que creen y defienden que nuestro planeta es plano. Es algo que está ocurriendo hoy día y si una persona cree que la tierra es plana, puede acudir en internet a una serie de foros y medios que confirman sus disparatadas ideas. Aunque pueda parecer una broma, hay aspectos donde esto se vuelve mucho más grave como es el cambio climático o los antivacunas. En este caso, se habló de cómo introducir estos temas en debates en televisión en programas generales y surgió otro debate relacionado con la posverdad y es el de la neutralidad. Haciendo referencia a que si, por ejemplo, se hace un debate sobre vacunas, no se puede ser neutral situando a un defensor de las vacunas frente a un antivacunas, por que la ciencia ha demostrado de todas las formas posibles la eficacia de estas. La pregunta es, ¿se debe poner a la misma altura al experto en vacunas que al charlatán antivacunas?

Sin duda la ciencia debe de estar presente en el debate social. La fórmula para lograrlo es realmente compleja, integrando una mejor labor divulgativa por parte de los científicos una especialización por parte de los periodistas científicos y un gran esfuerzo por cambiar políticas educativas. No debemos olvidar que la posverdad alimenta el fanatismo y puede llevar a cometer verdaderas injusticias. El incremento de los casos de sarampión, es solo un ejemplo. Como concluyó Javier García, ser ciudadanos es estar bien informados. No podemos delegar a que alguien nos de la información y creerle.

Ciencia y posverdad, en la Semana de la Ciencia

Con motivo de la Semana de la Ciencia de Madrid en Celera hemos decidido participar organizando un evento abierto a todos los públicos y donde abordaremos dos actividades que esperamos que sean de vuestro interés.

 

Por un lado, hemos organizado una mesa redonda sobre “Ciencia y Posverdad” con un panel de lujo que contará con: 

    • Javier García Martínez, presidente de Celera;
    • María Blasco, directora de CNIO;
    • Pere Estupinyá, Presentador y Director de “El Cazador de Cerebros”​ en TVE;
    • Carlos Elías, catedrático de periodismo de la UNED;
    • Antonio Calvo Roy, presidente de la Asociación Española de Comunicación Científica
    • Moderado por: Pilar Gil, periodista en Hearst Magazines.

En segundo lugar, haremos entrega a los ganadores de los galardones de la I Edición de los Premios Jóvenes Divulgadores. Estos Premios son una iniciativa de Celera junto con La Facultad Invisible y la Fundación Rafael del Pino.

 

La actividad se desarrollará el martes 14 de noviembre en la Fundación Rafael del Pino a partir de las 18:30. 

 

¡Os esperamos!

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¿Qué hacemos en España con el talento?

Por: Francisco Martínez

El informe global de competitividad del Foro Económico Mundial de 2017 retrata a nuestro país en una cuestión clave: El talento. España aparece en el puesto 82 de 138 en cuanto a la capacidad de retener talento y en el puesto 83 en cuanto a la capacidad de atraerlo.
Pero ¿qué entendemos por talento? En función de lo que ajustemos el término los datos que obtendremos serán diferentes. Generalmente cuando se alude a la fuga de cerebros la referencia suele hacerse al talento investigador de nuestro país. No obstante, en otros casos se abre mucho más el objetivo y se habla de la cantidad de jóvenes españoles que tienen que acudir al mercado laboral extranjero para poder trabajar de lo que han estudiado. Se mire como se mire la realidad siempre se pinta de color gris y las conclusiones se resumen en la necesidad de mayor inversión en I+D.

No cabe duda que es necesario invertir más en I+D, España está muy por detrás de lo que debería en cuanto a la inversión en I+D, los datos son demoledores. De acuerdo con el Informe COTEC de 2017 mientras que la UE invierte un 25% más en I+D que antes de la crisis nuestro país lo hace un 10% menos. Pero no les estoy contando nada nuevo, de manera que no seguiré con esta línea argumental.
Después de un año trabajando en la gestión de talento al frente de la Asociación Celera, donde por talento no entendemos exclusivamente el científico, sino que tratamos de identificar a aquellas personas que además de tener cualidades fuera de lo común también tienen una actitud excepcional, he estado en contacto con multitud de universidades, centros de investigación, instituciones, personalidades y empresas. Con todos ellos he hablado cual virgen, dispuesto a escuchar y a tratar de entender la idiosincrasia de cada uno, pues en todos los casos su contacto con eso que denominamos talento es directo. Reflexionando sobre el estado del arte, que dirían muchos de los jóvenes que participan en el programa de Celera, la conclusión a la que uno llega es que España genera mucho talento pero la forma de gestionarlo dista mucho de ser homogénea y el resultado de esa heterogeneidad es preocupante.

Desde mi punto de vista existe una forma tradicional de gestionar el talento. No es necesario recordar que no hay ninguna universidad española entre las 200 mejores del mundo ya que se mucho se ha hablado de ello durante las últimas semanas. La razón principal es de sobra conocida: Un alto grado de endogamia en la universidad española. Pese a todo, ello no es óbice para que de ella salgan profesionales por lo que se pelean centros de investigación y empresas de renombre mundial. ¿Cómo sería el resultado si la gestión fuera más innovadora y competitiva?

Ahora bien, esa forma tradicional de gestionar el talento no es exclusiva de la universidad española. Si hacemos zoom y centramos la atención en el talento más joven nos damos cuenta de que grandes consultoras y grandes empresas son fuertes polos de atracción de talento. Y al mismo tiempo son perfectas trituradoras del mismo. Como en el caso de las universidades hay ciertas excepciones pero, en general, aquellos perfiles que nosotros identificamos como talentos excepcionales pronto encuentran limitado su potencial y verdaderamente frustrados. De hecho, he tenido ocasión de presenciar la evolución de varios de los jóvenes del programa, los cuáles tras un par de años trabajando en un entorno, podría decirse hostil a su talento, han acabado trabajando en start-ups, es decir, todo lo contrario a una gran corporación.

Afortunadamente, en nuestro país están apareciendo nuevas formas de gestionar el talento que se adaptan mejor al tiempo actual, en ejemplo de ello son las propias Start-ups y su forma de gestionar el talento, algo de lo que hablamos en la 1ª edición de “PasiónXTalento”. En Celera, a través de nuestro programa, realizamos una humilde aportación en este sentido. Pero no estoy escribiendo estas líneas para hablar del programa que dirijo sino para poner de manifiesto que esta dirección es la que hay que seguir. Además de start-ups, en la 1ª edición de “PasiónXTalento” fueron convocadas grandes empresas como BBVA, Oracle o BMW, junto con grandes instituciones como COTEC o la UCM. Las conclusiones que de allí se extrajeron guardan relación con la necesidad de implementar estructuras organizativas flexibles que fomenten la creatividad y la necesidad de formar líderes que inspiren y motiven a los equipos. De este modo, la apuesta por el talento de nuestro país no se traduce exclusivamente en un mayor gasto en I+D, independientemente de que sea necesario. Hay otras vías y estas pasan por innovar en la gestión del talento que aflora de nuestras universidades. Existen multitud de ejemplos, algunos de los cuáles se darán cita la semana de que viene en el South Summit en un panel que han promovido los jóvenes que participan en nuestro programa. Este panel será la 2ª edición de “PasiónXTalento”. Las conclusiones que se extrajeron de entonces apuntan a que es necesario que tanto universidades como instituciones y grandes empresas adopten nuevas formas de gestionar el talento y donde, por encima de todo, se fomente el desarrollo de las denominadas soft-skills o competencias transversales. En Celera hemos comprobado que para que estas se desarrollen en las personas el factor de la interdisciplinariedad es indispensable.

En Celera ponemos en práctica las cosas que estoy describiendo. Contamos con 30 jóvenes que pertenecen a un total de 22 disciplinas distintas. La interacción que se produce entre ellos y cómo se llegan a complementar unos y otros es algo que genera ideas, aprendizajes, proyectos y objetivos comunes que desde Celera tratamos de impulsar y alumbrar. Todo ello inspirado por una visión muy emprendedora donde no esperamos a que nos den hechas las cosas sino que tratamos de hacerlas nosotros. En la próxima edición del South Summit centraremos el debate en las acciones que son necesarias para mejorar la gestión del talento excelente en nuestro país y de cómo debemos proceder para anclar y empoderar el mismo. Para ello contaremos con instituciones, que al igual que nosotros, están apostando por innovar en la gestión del talento y pondremos en común las fórmulas que dan resultado. Concluyo animando al lector a que se acerque a este multitudinario evento donde innovación y emprendimiento tienen lugar y, de momento, no se fugan.

Los retos en la gestión del conocimiento

Por: Martín Beitia

En mi estreno en el blog de Celera voy a hablar sobre un tema que considero importante y al que creo no estamos dedicando la atención que requiere: el envejecimiento de la población y los retos que plantea con relación a la gestión del conocimiento en las organizaciones.

El envejecimiento progresivo de la población es un hecho constatado a nivel global; el crecimiento de la esperanza de vida y la reducción de la natalidad hacen que haya por primera vez en la historia más personas mayores que niños. Esta realidad, que tiene efectos en todos los ámbitos de la vida económica, social, cultural… plantea nuevos desafíos a las organizaciones, empresas e instituciones. El envejecimiento de las plantillas se lleva produciendo a lo largo de la última década, las primeras generaciones del baby boom ya han comenzado a jubilarse y lo harán de forma masiva en los próximos años, con lo que el riesgo de descapitalización de las empresas por la gestión de la pérdida de conocimiento y experiencia acumulada por estas personas, puede ser un problema real.

La gestión del conocimiento, es un concepto aplicado a la organizaciones y que tiene el fin de transferir el conocimiento generado en un lugar a otro, desarrollando las competencias necesarias para compartirlo y poder aplicarlo por las personas. Considero que no estamos abordando con rigor el reto que supone esta gestión, que es lo que aporta un valor diferencial a las organizaciones y es uno de sus principales activos hoy.

Pero claro, el conocimiento es un intangible que aún no estamos habituados a gestionar, ya que es una tarea que no forma parte del quehacer habitual de las organizaciones. La primera pregunta es: ¿cómo podríamos generar estrategias para conservar y potenciar los intangibles en las organizaciones en esta era del conocimiento?

Identificar en las personas más veteranas el conocimiento crítico, necesario en el futuro y que es difícil de reemplazar, es clave para anticipar el impacto generado en la empresa por la salida de esas personas. Para ello, creo que asegurar que la gestión del conocimiento y el aprendizaje intergeneracional son parte de la estrategia de la empresa, es vital a la hora de abordar los retos que plantea el envejecimiento de las plantillas. Porque no deberíamos olvidar que el conocimiento no es algo que pueda ser transferido de una persona a otra; el conocimiento es lo que uno mismo genera a partir de la información que recibe y del aprendizaje que adquiere a partir de la experiencia. Se trata por tanto, de generar contextos en los que las personas de diferentes generaciones compartan saberes y experiencias, para que aprendan unas de otras y generen valor, nuevo conocimiento e innovación a través de esta relación.

Tenemos que ser audaces y abordar los retos, no con las mismas soluciones de siempre, sino desde un punto de vista de innovación e integración. Chip Conley recientemente compartía su experiencia sobre su proceso de integración en Airbnb, empresa a la que se unió con 52 años y sin ninguna experiencia en el ámbito tecnológico, mientras doblaba la edad a la media de los empleados: ”Los baby boomers y ​millennials tienen mucho que ofrecer y hay mucho que pueden aprender los unos de los otros. Aquí entra el “viejo moderno”, que sirve y aprende tanto como mentor como becario, el mismo que disfruta de ser alumno y sabio.” Como vemos, en las organizaciones conviven personas de generaciones diversas con culturas de trabajo muy diferentes. Por ejemplo, hoy en día los jóvenes hemos dejado de pensar en un único trabajo para siempre, cuando hasta hace poco la aspiración era encontrar un puesto fijo que durara toda la vida.

¿Cómo podríamos hacer que esta diversidad de culturas y maneras de entender el trabajo se puedan armonizar y que cada uno encuentre su sitio dentro de las estructuras de estas organizaciones?

Este proceso de integración pasa por enfrentarnos a la tarea de terminar con los estereotipos asociados a la edad. En nuestro imaginario la creatividad, el emprendimiento y la innovación se suelen asociar al joven, pero como ya se ha demostrado muchas veces, estas capacidades no son patrimonio exclusivo de la juventud. La realidad nos demuestra que muchos emprendedores inician sus proyectos cuando tienen una larga trayectoria profesional y conocen perfectamente su sector.
Ocurre lo mismo con la asunción de liderazgos y responsabilidades en equipos y proyectos; sigue siendo bastante habitual que este tipo de funciones se atribuyan a las personas con más edad. Pero ya está dejando de extrañarnos que entre los grandes líderes que están construyendo el futuro haya también personas jóvenes con grandes capacidades.

Por todo esto, considero que es vital que se realice un ejercicio y esfuerzo colectivo donde las diferentes generaciones establezcan procesos que permitan generar contextos y entornos de relación, donde se pueda llevar a cabo una reflexión sobre los escenarios y retos futuros a los que las organizaciones y la sociedad se enfrentarán. Una vez definidos, se deberían establecer líneas de acción y lanzar iniciativas para solucionar estos retos a través de equipos en los que se mezclan juventud y experiencia.

Tras esta reflexión, quiero terminar compartiendo un factor que para mí es clave en toda esta realidad: la curiosidad, pues es la curiosidad lo que nos mantiene jóvenes. Peter Drucker, gurú del management del siglo XX, que vivió hasta los 95 años, afirmaba que una de las razones por las que envejeció sano fue su eterna curiosidad, que hacía que siempre encontrara nuevos temas que le interesaban. Comparto totalmente lo que Drucker decía: espero que esta curiosidad y las ganas de aprender algo nuevo todos los días se mantengan el resto de mi vida.

Celera, la Aceleradora de Talento

Por: Jan Carbonell

Celera es un programa que nace para identificar a los jóvenes con talento en España y dotarlos de herramientas que les permitan aprovechar al máximo de todo su potencial. A diferencia de una aceleradora de proyectos, en Celera se apuesta por las personas, entendiendo el fracaso cómo una fase más de la trayectoria vital.

Antes de todo, quién soy yo?
No os voy a contar toda mi vida, pues tardaría un buen rato y sería bastante aburrido relatar todas las horas que he pasado durmiendo. Sin embargo, dejadme que os muestre que de pequeño, mis padres jamás pensaron que les iba a dar tantos problemas.

Recuerdos de la infancia y épocas más inocentes. Circa 1999

Me levanto cada día con las ganas de transformar una idea, un sueño; en una realidad. Suelo adaptarme rápidamente a los cambios y me considero una persona de mente abierta y con insaciables ganas de aprender.
De pequeño, quería ser futbolista, astronauta y cocinero. Un buen día, mis padres me regalaron un kit de Lego y no hubo vuelta atrás. Quería ser ingeniero. En ese momento no hubiera sido capaz de articular la razón esencial; por suerte, ahora sí:

Mi objetivo es usar la tecnología para dejar una huella positiva en la sociedad.

No quiero trabajar para que te vicies más a un videojuego o conseguir que compres más productos. Me gustaría poder contribuir en algo mayor; que tenga impacto no sólo en nuestro momento sino en las personas que van a venir después.

Soy joven, soy soñador, y quizás, demasiado optimista

*Si acabo trabajando para Candy Crush o similares, me voy a tener que comer con patatas la afirmación anterior.

Antes de Celera

Hasta llegar a la universidad, todo era más o menos normal. Iba a (algunas) clases e iba pasando de curso sin pena ni gloria.
Me faltaba algo.
Y no supe lo que era hasta que fui a Lloret de mar. Puedo leer vuestras mentes. Tuvo la epifanía allí? Entre sangría y 4 grupos de británicos?

Lloret, a pesar de las bonitas vistas, es más conocida por otro tipo de actividades.

Estaba ayudando en la organización del Foro de Excelencia. Conseguimos traer a 1 astronauta, 6 premios nobel, 2 ex-presidentes de estado y verdaderas eminencias científicas y expertos del liderazgo y la innovación. Pero eso no fue lo importante para mi. También vinieron 4 jóvenes de Celera y eso fue lo que realmente cambió mi vida.

Todos esos líderes eran gente extremadamente inteligente, trabajadora y con una pasión por la vida. Estaban tan por encima de mis posibilidades que jamás pensé en el recorrido que habían hecho para llegar hasta allí. Durante la cena, conocí a Rodrigo. Era joven, ingeniero, tenía una fuerte vocación por los proyectos sociales y estaba trabajando en McKinsey. También había JM, con un inigualable sentido del humor y capacidad de escuchar a los demás. Tanto el cómo Fronti se dedicaban a la investigación. Carlos cerraba la tuna; era ingeniero y no tenía claro si era mejor hacer un submarino o un helicóptero (acabo siendo un dron). Durante esos días, compartí con ellos varios momentos inolvidables: Desde preguntar a Donald Pettit por el alcohol y soledad en el espacio, recopilar las biografías de los ponentes para poder empezar conversaciones con ellos y sobretodo, reír y compartir nuestras historias personales. Me sentí casi como uno de ellos. Pero había un problema. Sabía que al volver a casa, iba a seguir sin rumbo y en la próxima conferencia, no sería nada más que un asistente.

Grupo de jóvenes, organizadores, voluntarios y Acelerados

 

El camino hacia Celera

A partir de ese momento decidí involucrarme en nuevos proyectos y con unas ganas renovadas. Me apunté de voluntario en todos los eventos relacionados con la emprendeduría, cómo WebSummit o 4Y4N. Junto con Marina, Sergi y Marc empezamos el club de emprendedores de nuestra universidad, UPC FoundersLab. Creamos la sección de startups en el Forum ETSEIB, nos agrupamos junto con los otros clubes de la ciudad en una iniciativa común; UwakeUp BCN y creamos la primera feria de trabajo en VR en Barcelona.

Noticia en el diario el Mundo, haciendo difusión de nuestro primer evento en Barcelona.

Más adelante, persiguiendo el objetivo de crear un impacto social, nos juntamos con un grupo de amigos para crear OmniGuide, una solución para mejorar la navegación de los ciegos y gente con baja visión mediante los datos abiertos y la economía colaborativa.

Y todo esto porqué os lo cuento? No pretendo tirarme flores. Os quiero hacer ver que sí, todo es posible si estás dispuesto a trabajar por ello. Sonará muy cliché pero es la verdad.

Al ser seleccionado para formar parte de Global Shapers Barcelona, paré un momento a mirar hacia atrás. Hace dos años, mi CV era un papel en blanco y gracias a esa motivación interior; ahora lo complicado era resaltar lo más relevante.

                                                                                                       Disfrutando el sprint en HackUPC 2016

Mi candidatura a Celera

A pesar de mi crecimiento personal, sigo siendo una persona llena de defectos: me cuesta priorizar entre lo más importante y lo que me apetece hacer. Sigo teniendo una mentalidad demasiado ingenieril y tengo un miedo terrible al fracaso. Quiero crecer personal y profesionalmente para tener la capacidad de inspirar a otros. Por todas estas razones, decidí presentarme.
Seguramente os preguntaréis cómo funciona la candidatura. Hay 3 fases, un vídeo junto con un typeform, una entrevista personal y una selección de los 10 acelerados por parte de un comité de expertos independiente.
No se interactúa con el comité así que todo depende de los ensayos, el vídeo y la entrevista. De cara a la entrevista, mi mejor consejo es que seáis vosotros mismos y que os podáis sincerar bien de cara vuestras necesidades y no tengáis miedo de explicar vuestros logros. Para el vídeo y los ensayos, hay muchos enfoques, desde cantar, nadar, dibujar, presentar pero lo más importante, es que os sintáis cómodos.
En mi caso, lo que más me costó fue el vídeo; que conseguí entregar a las 23:58, justo antes de que cerrara el plazo. Fui pasando las fases y finalmente, pude cumplir mi sueño de poder formar parte de esta gran familia.

Vivencial Celera G1-G3 2017

Ahora con Celera

Mis objetivos a principio de año eran aprender a programar, participar en un Imagine y aclarar mi futuro profesional.

https://twitter.com/jcllobet/status/816290457860902912?ref_src=twsrc%5Etfw&ref_url=https%3A%2F%2Fmedium.com%2Fmedia%2Fe32dec2a4139ac229f4e7ada959a13aa%3FpostId%3Dcb6f199fcaf1

Tras unos meses en el programa, me gustaría resumir los 3 puntos clave dónde siento que Celera me ayuda a mejorar en mi día a día:

Habilidades socio-emocionales: Tener un acompañamiento para gestionar el fracaso, expectativas o sencillamente, desarrollar soft skills y la inteligencia emocional.
Networking: Una gran red de contactos en multitud de sectores que te facilita llevar a cabo tus proyectos o juntarte con otros acelerados para llevar a cabo iniciativas cómo PasiónxTalento.
Mentoría: Es muy importante saber seleccionar bien las opciones del presente con una visión de los objetivos a largo plazo. Poder contar con alguien que tiene como propósito ayudarte a alcanzar tus metas y te puede aconsejar en base a su experiencia y de una manera honesta, tiene un gran valor para mi.
Sigo creciendo día a día y con una nueva familia. No he cumplido todos mis objetivos. Sigo intentando aprender a programar poco a poco y conseguí ser el dreamer #12 para Imagine Silicon Valley. Lo que sí que os puedo decir es lo siguiente:

Nada de esto sería posible sin Celera.
Si tienes talento, no dudes presentar tu candidatura!! Link aquí.

Reflexiones de un ingeniero español en Boston

Por:  Mario Merino

Gracias a un proyecto Europeo en el que estamos trabajando en la UC3M, estos tres meses de verano he tenido la oportunidad de trabajar en el centro de física de plasmas y fusión (PSFC) del MIT, en Cambridge, MA. He de decir que era la primera vez que me desplazaba a Nueva Inglaterra y la idea de visitar el renombrado Massachusetts Institute of Technology me mantuvo lleno de excitación desde que el momento en que me confirmaron la estancia. Mi aventura empezó de la mejor manera posible: tuve la suerte de aterrizar a mitad del II encuentro de españoles científicos en Estados Unidos (ECUSA), que casualmente se celebraba en MIT este año. Javier García, promotor y cofundador de Celera, fue quien me hizo saber de la existencia de este evento y una vez allí me presentó a varios de los asistentes, con algunos de los cuales después he trabado amistad durante mi estancia.

Si bien el objetivo principal del viaje ha sido aprender sobre la física de ondas electromagnéticas en plasmas para progresar en el desarrollo de un nuevo tipo de motor espacial eléctrico que no use combustibles químicos, también tenía curiosidad por conocer cómo es la vida en la costa Este, en el MIT y descubrir de primera mano qué es lo que hace única a esta institución, siempre en las primeras posiciones de los rankings internacionales, produciendo muchos de los descubrimientos científicos de los últimos años, con incomparables resultados en transferencia tecnológica e innovación; acogiendo, además, a un amplio número de premios Nobel. Y sí, estoy de acuerdo: este es sin duda un tema altamente manido y sobado, sobre el que existen análisis profundos de gente que sabe mucho mejor que yo de lo que habla, y con opiniones tan numerosas, coloridas y variadas como las bebidas gaseosas que uno se encuentra en uno de los supermercados de este lado del Atlántico. A pesar de ello, no me he podido resistir a compartir mis experiencias y mi visión de la cuestión en este post, donde entresaco algunas de las reflexiones que he hecho durante mi estancia. Así que, sin más preámbulos ¡allá va!

En primer lugar, no puedo dejar de mencionar un factor que sólo indirectamente depende del investigador, éste es la gran diferencia en recursos económicos que posee una universidad americana de este pelaje, en comparación con una universidad media en España, MIT juega con un presupuesto de más de 3000 millones de dólares. Como ejemplo español, la Universidad Carlos III de Madrid dispone de 160 millones de euros. Es cierto que el tamaño de las universidades es bastante diferente; aún así, si dividimos por el número de empleados total, el presupuesto por empleado de MIT es de casi 5 veces más. Está claro que la financiación no es el único aspecto que nos separa, pero valdría la pena no olvidar que una máquina bien engrasada funciona mejor.

Por otra parte, y dejando la importancia de los dineros de lado, hay aspectos que tienen que ver más con qué se espera del investigador y cómo se le trata. Me explico: tanto en EE.UU como en España es fácil encontrar investigadores muy ocupados, que trabajan 10 (o más) horas al día, y que echan también muchos de sus fines de semana en el trabajo. Tenemos mucha pasión por nuestro trabajo. Sin embargo, el porcentaje de esas horas que se dedica realmente a la investigación en un sitio y otro, es muy distinto: mientras que en EE.UU es habitual contar con equipo de apoyo en la universidad para liberar al investigador de ciertas tareas, en España lo común es que el investigador deba hacer malabares para coordinar tareas de gestión de bajo nivel junto con la docencia y la investigación, con mucha menos ayuda por parte de la universidad. Así, se encuentra a menudo dedicando valiosas horas a mover papeles de aquí para allá. El amor por la burocracia que existe en España (¡y en general en Europa!) acrecienta el problema cuando, por ejemplo, uno necesita prácticamente cinco folios y tres llamadas telefónicas para justificar la compra de un billete de tren para asistir a una reunión de proyecto.

En tercer lugar, creo que existe un elemento relacionado con la cultura de las personas que trabajan aquí, o con su manera de entender el mundo y el trabajo que realizan. Me atrevería a afirmar que el concepto de impacto real está más arraigado en MIT que en una universidad media en España. Tratar de tener impacto real a menudo conlleva asumir riesgos, o incluso salirse del camino “marcado” para explorar vías nuevas. En aras de minimizar riesgos y asegurar una posición académica lo conveniente es, sin embargo, seguir haciendo lo de siempre y publicar cuantos más artículos científicos mejor, sean de la calidad que sean, para “hacer currículum”. Con ello, a menudo se deja de lado (o incluso se evita completamente) crear impacto real. De esta manera, el investigador avanza tranquilo en su carrera y además mantiene a la universidad feliz, porque ésta puede hablar de una gran producción científica en el número de artículos.

Si bien es cierto que hay excelentes investigadores en España con verdadero impacto real, y si bien en MIT y demás universidades americanas, también se tiene miedo al publish or perish, percibo que lo segundo es más común en España, donde también somos como norma más reacios al riesgo.

Por último, otro factor que considero central es el papel y la actitud del estudiante en MIT, como parte fundamental de la comunidad universitaria. Mientras que en España un estudiante medio no pisa un laboratorio salvo para hacer las prácticas de una determinada asignatura, aquí vive en él; desde proyectos de asociaciones de estudiantes hasta asignaturas de aprendizaje por proyectos, los estudiantes aprenden tocando, con todos los materiales y equipo a su disposición. Se les permite que organicen los laboratorios a su gusto. Tienen una vida académica mucho más completa. Se les anima si quieren probar algo o emprender, en América está internalizada la filosofía de que intentar algo, incluso aunque concluya en un fracaso, es una forma muy valiosa de aprender, y que no hay que avergonzarse por fallar. Al mismo tiempo, cuentan con menos cursos por semestre, lo que implica una menor carga de asignaturas, pero se encuentran tan entusiasmados con lo que están haciendo que nunca se quejan de todo lo que tienen que hacer en cada una de ellas: valga de ejemplo la asignatura de propulsión eléctrica espacial que tienen en MIT, donde los alumnos han de diseñar, construir y ensayar un motor cohete de plasma en un semestre (para lo cual incluso casi tienen que dormir en el laboratorio a veces). Algo así es muy difícil de implementar en España, por múltiples razones. Es en este caldo de cultivo en el a menudo los mejores estudiantes descubren su pasión por la ciencia y hacen auténticas contribuciones a la misma.

En resumen, y sin quitar valor a lo nuestro, siempre que podamos debemos mirar a nuestro alrededor, pues de todo se puede aprender algo. En esta última semana que me queda en Boston, espero seguir aprendiendo y disfrutando de esta bonita parte del mundo. Y volver a España lleno de energía.

La mejor aventura comienza con un libro

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