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Celera es declarada de utilidad pública por el Ministerio del Interior

El Ministerio del Interior ha declarado que Celera es una asociación de utilidad pública. El reconocimiento de utilidad pública se otorga a aquellas asociaciones entre cuyos fines se encuentran la promoción del interés general. De esta forma el Ministerio del Interior reconoce oficialmente que Celera es una institución que promueve el interés general mediante las actividades que desarrolla, en particular, a través de la identificación y aceleración del talento joven de nuestro país. Este reconocimiento se suma al “Sello de Talento INJUVE” otorgado por el INJUVE que reconocía nuestra labor y dedicación para con el talento joven. Las consecuencias de este reconocimiento no son meramente formales. A efectos fiscales implica que Celera tiene el mismo régimen fiscal que las fundaciones. Esto es muy importante porque a partir de ahora las contribuciones que se quieran hacer a Celera supondrán una desgravación fiscal en la declaración de la renta. En la imagen te explicamos brevemente el funcionamiento de la desgravación fiscal en caso de que desees realizar una donación al programa. Contribuye al talento joven

ChemPubSoc Europe Young Researchers Meeting, un evento pionero y experiencia inigualable.

Por: José Miguel González Domínguez

No existe ninguna investigación científica que prospere si no se hace pública. Desde que existe el método científico, los que nos dedicamos a investigar tratamos de hacer difusión de los resultados obtenidos en el laboratorio mediante comunicaciones en congresos, por ejemplo, pero sobretodo acudiendo a revistas científicas y pasando por un proceso de criba editorial, revisión por pares y finalmente un proceso editorial hasta que finalmente el trabajo queda oficialmente publicado y puede ser consultado por el resto de la comunidad científica o por cualquiera que quiera acceder a él.

Para quien no esté familiarizado con esta dinámica, en mi modesta opinión, la podría comparar con lo que sería un concurso de cocina: uno da con una receta deliciosa, va a comprar los ingredientes, cocina y presenta el plato, gente anónima que también propone recetas a concurso lo prueba y lo evalúa (eso sería la revisión por pares), y finalmente, si pasas todas las etapas, tu plato lo “pone bonito” una oficina editorial y ya puede aparecer en los menús del progreso de la humanidad.

Muy bonito parece, pero en realidad es un proceso complicado, lento y a veces se torna en un infierno. Si a priori el mero trabajo científico de laboratorio parece el reto más complicado de la vida de un/a investigador/a, el verdadero cuello de botella para desarrollar una carrera científica es sin duda el proceso de publicación.

De entre los muchos escollos que presenta el método de revisión por pares, está el filtro editorial (los editores de revistas científicas suelen rechazar entre el 50 y el 80% de los manuscritos que les llegan, muchas veces por exceso de volumen, muchas otras veces casi porque si), la selección y trabajo de los revisores anónimos (que en ocasiones son de campos de trabajo idénticos, deben hacer el trabajo voluntaria y gratuitamente e incluso pueden tener conflictos de intereses) y por último el trabajo de edición y maquetación (que en ocasiones puede alterar el contenido gráfico del trabajo, dejándolo muy distinto a como el investigador quiere).

Si uno es un científico consagrado, la mayoría de estos filtros no son un problema, pero para los jóvenes investigadores que queremos hacernos un huequito pequeño en este mundillo es complicadísimo pasarlos, aunque nuestro manuscrito sea de la mayor calidad. Sin publicar no avanzamos en nuestra carrera de fondo que es la investigación, y si ya sufrimos demasiada precariedad, este aspecto tan crítico es algo que nos preocupa mucho. Nos guste más o menos, si no publicamos no podemos optar a becas ni contratos, con lo cual por desgracia se torna en una cuestión de supervivencia.

De ello se han percatado en Europa, donde existen buena parte de las revistas científicas dedicadas a la química más recurridas por los investigadores. Y han encontrado una buena manera de hacer visible la problemática y de encontrar soluciones. De ahí ha nacido esta experiencia pionera, el primer meeting europeo de jóvenes investigadores, convocado por la ChemPubSoc Europe y al que he tenido el honor de asistir, gracias a Celera y en especial a su fundador Javier García.

Esta entidad, de nombre casi impronunciable (ChemPubSoc Europe), es un consorcio de sociedades científicas europeas, entre las cuales se encuentran la española, francesa, italiana, alemana… y que llevan asociadas a su vez un conjunto de revistas científicas de temática química que sirven como foro de publicación de los resultados obtenidos por científicos pertenecientes a estas sociedades (o no).

En vista de las dificultades que los jóvenes investigadores tenemos que afrontar en los procesos de publicación, si queremos empezar a liderar nuestras propias investigaciones, la ChemPubSoc Europe hizo una selección de 18 científic@s investigadores (de entre 28 y 40 años) europe@s, que se encontrasen en un estadio intermedio de su carrera. Nos seleccionaron de casi todos los países posibles de Europa y yo tuve el honor adicional de ser el único representante de España.

Durante dos días (8 y 9 de marzo 2018), fuimos invitados al bucólico pueblo de Weinheim (Alemania), donde está la sede de la editorial Wiley-VCH, editora de las revistas de la ChemPubSoc Europe. En estos dos días estuvimos inmersos en distintos talleres y reuniones creativas donde pudimos escuchar directamente a editores de revistas tan famosas como la Angewandte Chemie, y donde tuvimos voz para transmitir nuestras inquietudes y sugerencias para hacernos a los jóvenes más llevadero el proceso de publicación.

De entre las múltiples conclusiones que saco de esta experiencia inigualable, puedo destacar las siguientes:

1. Ver trabajar en vivo y en directo a los responsables de las revistas científicas los humaniza más y hace que les veamos menos como un negocio y más como un servicio a la comunidad científica. Creo que todo investigador que tuviese la oportunidad de hacer una visita a la editorial de una revista debería hacerlo.

2. Publicar en revistas que apoyen a (o provengan de) sociedades científicas es importante, ya que en la unión está la fuerza, y no habrá mejor gestor de la información científica que una entidad que se dedique a ella.

3. Fuimos informados de cómo es mejor presentar un manuscrito científico, que cosas hay que decir y cuáles no en una cover letter (carta de presentación del manuscrito), y en general qué quiere una editorial, que normalmente no es información accesible.

4. Aún queda un largo camino para que los jóvenes investigadores dejemos de ser torturados con el proceso de publicación de nuestros resultados, pero gracias a este encuentro pudimos ofrecerles nuestro punto de vista y proponerles soluciones que si se tienen en cuenta pueden facilitarnos mucho la vida. Por ello, eventos como éste son de tremenda importancia ya que generan información valiosa y recíproca entre investigadores y revistas.

5. Por último, y no menos importante, está el aspecto de la comunidad. Gracias a este evento he podido conocer a 17 excelentes científicos de Europa, admirables, y con los cuales se ha generado un grupo unido que podría fructificar en grandes sinergias. Si eventos como este juntan a gente tan afín, no solo el proceso de publicación se ve beneficiado sino también la propia ciencia en sí.
 
Doy gracias a Celera y a ChemPubSoc Europe por estos dos excelentes días en los que aprendí mucho, donde pude dar mi opinión y proponer soluciones a un problema que me toca muy de cerca y donde he conocido gente extraordinaria.

Excepción y talento: primer día en Celera

Por: Andrea Martos

Qué veces, las primeras. Normalmente no salen bien. La primera fotografía nunca es buena, en el primer paseo en bici uno pasa más tiempo en el suelo que sobre el sillín. La primera empresa, la primeras letras, el primer beso.

Las líneas que siguen son la crónica de una excelente excepción: CELERA.

Dos de febrero, diez y diez de la mañana. Sol radiante, frío seco: Madrid. Taxi en la lontananza, mano al alza, buenos días, a Rafael Calvo 39, gracias. Diez y cuarto. Sé que entorno a un centenar de jóvenes con toda clase de talentos han sido evaluados por el panel de expertos. Aún no me creo que vaya en este taxi, en esta dirección, a esta presentación. Diez y veinte. La última vez que me postulé a algo en España fue en 2014, para la tesis de fin de grado en cierto laboratorio. En aquella entrevista no se medió un buenos días, sencillamente se me indicó que con esto -sosteniendo con algún reparo mi expediente entre los dedos índice y pulgar- jamás haría un doctorado, aclaración no requerida pues no pedía asilo científico para los próximos 10 años, tan solo algo de información. Se me mostró la puerta y salí primero del despacho y, tres meses más tarde, del país. Diez y veinticinco. Aún no sé cómo me atreví a postularme a la 4º Generación de Celera. Y aquí estoy, Andrea Martos, en la puerta de la Fundación Rafael del Pino, hogar intelectual de muchas de las ideas fundamentales que han sostenido mis pasos, altavoz de las palabras de tantos de mis maestros, patrón de esta iniciativa extraordinaria nacida de la mano de alguien no menos extraordinario: Javier García Martínez.

Diez y media. Qué veces, las primeras. Normalmente no salen bien. Excepto esta. Me conducen a la planta baja, la mayor parte de mis compañeros de viaje ya han llegado y por fin conozco a Viviana. Nos habíamos enviado algunos correos para concretar los perfiles de cada uno de nosotros, pero faltaba lo más importante, ponerse cara. Compruebo con alegría que charlan entre todos, que no hay ese silencio incomodo interrumpido por monosílabos y sonrisas de media gana que suelen caracterizar los primeros minutos de casi cualquier evento. Me siento junto a una chica que se llama Lola y me hacen falta escasos minutos para constatar la sospecha de que Lola es estupenda -además de ingeniera de Telecomunicaciones, entre otras muchas cosas- (querida, va un abrazo).

Viviana nos explica el programa, diseñado a prueba de tímidos (yo misma, por ejemplo, que tengo un pico de ultratimidez durante el primer minuto de conversación) y antes de hablar con los componentes del panel de expertos y los patrones de Celera, la Fundación Banco Sabadell y la Rafael del Pino, nos presentamos ante los otros seleccionados. Por primera vez en… ¡nunca hasta hoy!, no me siento la rara que ha seguido un camino un poco diferente al cursus honorum estándar. Lola, Javier, Sofía, Delia, Santiago, José Manuel, Julia, Virginia, Gonzalo, Adela, y yo misma comentamos en un par de minutos algo de esas cosas que nos apasionan y a las que intentamos contribuir cada día con lo mejor de nuestro carácter y nuestro conocimiento. Para saber qué en efecto son las cosas que les -nos- entusiasman no hace falta ser Holmes. Basta escucharles: la risa no se finge, el genuino entusiasmo tampoco.

Once en punto, subimos a la primera planta y nos recibe una mesa alargada en el centro de una de esas salas de la Fundación, techo alto, paredes de blanco, café de bienvenida. Al instante empiezan a aparecer algunas caras conocidas y otras que confío lo serán dentro de muy poco. Nos dan la bienvenida Vicente Montes, director de la Fundación Rafael del Pino, Miquel Molins, presidente de la Fundación Banco Sabadell, y Sonia Mulero, directora adjunta de la misma. Reflexiono en segundo plano mientras escucho su intervención: dos fundaciones que promueven la excelencia, el saber, la cultura, la iniciativa emprendedora y la formación de dirigentes. Doy hoy las gracias y presiento que no dejaré de darlas porque el impacto de lo que viene se dejará notar por años. Sigue Javier García, presidente de Celera, brillante científico amen de espíritu bravo y generoso hasta el punto de fundar algo tan extraordinario como esto, presenta la iniciativa y nos explica cómo se ha llegado hasta aquí. Pienso que en ocasiones me dejo llevar por el desasosiego al echar un vistazo a la prensa y sin embargo historias como estas me hacen volver a creer. Turno de Francisco Martínez, director de Celera, que tuvo como virtud primera la de hacer del proceso de selección un momento amable. Supe más tarde que con Francisco, Paco, compartía un amigo, un tipo excelente a quién admiro y de cuya amistad disfruto y aprendo. Y qué hay más grande que compartir un amigo. Paco, por muchos años, maestro.

Nuestro turno, el de mis compañeros sentados todos expectantes entorno a la mesa. Qué historias inspiradoras. De cada una de sus intervenciones me surgen preguntas: cuatro carillas de anotaciones breves en la libreta que según apunto ya me apremia conocer la respuesta. Están presentes la mayor parte del panel examinador de nuestras candidaturas en la tercera ronda de selección: Antonio Sainz, Almudena Díez, Pilar Santiago, Paloma Cabello e Ignacio Villoch. Solo es el primer día y ya me llevo mensajes clave a casa. Paloma Cabello nos hace ver el privilegio de nuestra posición, que genuinamente así percibo y valoro, que quizá alguno de los postulantes que quedaron fuera podría haber estado en nuestro lugar. De los once nuevos integrantes Celera, siete son -somos- mujeres. Tras nuestras respectivas intervenciones, Pilar Santiago nos indica que no es buena estrategia relatar nuestra historia como si fuésemos meros accidentes en ella, que hay que saber asignarse los méritos propios. Qué cierto. Tengo mucho que aprender pero también sé que voy a poder hacerlo, que tendré los mejores mentores y ejemplos en que fijarme. Un detalle personal. En mi intervención menciono “Volver a hacer fiestas”, el libro de divulgación científica que publiqué sobre la revolución genética que viene de la mano de la herramienta CRISPR CAS. Con las cosas del momento -redoble de tambores- no menciono el título, pero Ignacio Villoch está al quite, y no solo me pregunta de inmediato, sino que en ese mismo momento lo pide por Amazon. Qué decir. Querido Ignacio, gracias cien veces cien.

Momento para las fotografías, la de grupo (¡la de familia!), y las individuales para los perfiles, al tiempo que empiezan a llegar los miembros de generaciones anteriores y una mezcolanza de abrazos de reencuentro, presentaciones, y conversaciones de los más diversos temas empieza a bullir poco a poco. El tiempo corre ahora en mi contra, me espera un proyecto de ingeniería de anticuerpos en Cambridge y por alguna inextricable razón no he conseguido convencer a la compañía aérea de que retrase el vuelo, siquiera con la excusa imbatible de tener la oportunidad de almorzar y discutir con cuatro generaciones de talentos.

Una excelente excepción, Celera. Qué veces las primeras: esta salió más que bien, pienso, perfecto preludio para todas las experiencias, enseñanzas, buenas ideas y mejores desempeños que presiento nos aguardan, todo mientras albergo el deseo de devolver a la sociedad siempre un poco más de ella generosamente me ha brindado.

El INJUVE otorga a Celera la distinción del Sello de Talento Joven

Me complace comunicaros que el Instituto Nacional de la Juventud en la persona de Javier Dorado, su Director General, ha otorgado a Celera el Sello de Talento Joven.

El Sello de Talento Joven es una distinción que se concede a aquellas instituciones que ofrecen a los jóvenes las oportunidades de desarrollar su talento. El INJUVE ha verificado que el programa de Celera se ajusta a las características que exige la institución en los ámbitos de formación, emprendimiento e investigación. No podemos estar más orgullosos ni más satisfechos por este reconocimiento.

Este acontecimiento se suma a otra de las buenas noticias con las que hemos comenzado este año 2018, la incorporación de un nuevoa Celera. La Fundación Banco Sabadell se ha sumado a esta iniciativa que nació hace tres años y medio gracias a Javier García y a la Fundación Rafael del Pino. Esperamos que a lo largo del año sigan a la Fundación Banco Sabadell otras instituciones para que entre todos podamos llevar a Celera a dar un paso más y ofrecer al talento joven de nuestro país las oportunidades que se merece.

Como director de Celera no puedo hacer otra cosa que agradecer la confianza que se está depositando en el trabajo que estamos haciendo y espero que pronto podamos comunicaros más buenas noticias. ¡Seguimos!

Francisco Martínez
Director de Celera

La cuarta generación de Celera está en camino

Por:Viviana Ramírez

Y ¿cómo no apostar por el talento cuando después de 3 generaciones, se han visto cosas de todo punto inesperadas? Desde hace 4 años, gracias a la iniciativa de Javier García Martínez y la Fundación Rafael del Pino, puede decirse que talento no solo es tener ese “don” o ser extremadamente bueno en algo; tener talento es saber conocerse a uno mismo, sus capacidades, sus miedos, sus ganas de salir adelante y su actitud excepcional. Pero, ¿cómo se unen estas dos variables para gestionar el talento? desde Celera se apuesta por la persona; cuenta con un programa de 3 años de duración, que, por un lado, se dirige al desarrollo de las softskills o capacidades socio-emocionales y por otro, al desarrollo del entorno de cada uno de los jóvenes, proporcionándoles grandes oportunidades como el ir como VIPs al Websummit, programas de innovación en el MIT o encuentros con Premios Nobel entre otras.

Celera cuenta con 30 jóvenes que quieren cambiar el mundo y vienen en camino otros 10. Jóvenes que tienen ideas, que luego convierten en proyectos y proyectos que están dando qué hablar. Estos jóvenes son los “Celerados”. Científicos, emprendedores, artistas, investigadores y estrategas, varias disciplinas distintas que al unirse se han complementado y han logrado impulsar eventos como “PasiónXtalento”, “el Celeratón” y “Los Premios Jóvenes Divulgadores” y que hoy día son reconocidos por sus grandes aportaciones a la sociedad.

Por solo nombrar algunos:

Carlos Matilla, es ingeniero aeronáutico y fundador de una empresa que diseña una aeronave no tripulada que aúna la facilidad y versatilidad de despegue y aterrizaje de un helicóptero con la eficiencia en vuelo y autonomía de un avión.

Roberto Gómez,  que afirma que “internet está roto” y que con horbito, un Sistema Operativo Web, puede unir todos los servicios de la nube en un único lugar. Su iniciativa fue seleccionada como una de las 20 startups más prometedoras en Europa por Impact Accelerator y hasta el momento ha captado más de €1.5M de inversión, un producto que revolucionará la manera en la que utilizamos y veamos la web, sin duda alguna!.

Maya Pixelskaya, nombre artístico y como es conocida entre sus compañeros, familiares y amigos. Artista que ha logrado llevar el mundo de los video juegos a la moda y a la pintura. Allá donde va, percibe el arte como una bomba vital y en donde muchas ocasiones refleja la belleza “en lugares donde se presupone ausente”.

Mario Merino y Daniel Pérez Grande jóvenes investigadores, que se encuentran desarrollando un proyecto destinado a propulsar las aeronaves del futuro con cohetes de plasma; estos sistemas constituyen un salto tecnológico para la propulsión en el vacío espacial y actualmente cuentan con el respaldo del programa Horizonte2020 de la UE.

Y estos son sólo 5 de los 27 que se han unido a este innovador programa durante los últimos 3 años. En febrero de 2018, una vez que han sido evaluadas más de 80 candidaturas, conoceremos a los 10 nuevos Celerados.  Quienes, al igual que los demás, han tenido que pasar por un exigente proceso de selección.

Celera es parte del cambio y por ello, tiene una estrecha relación con universidades, centros de investigación e instituciones que aglutinan el talento en España. Busca que las personas sean reconocidas no por su CV sino por sus capacidades personales y profesionales, personas que quieren revolucionar nuestra manera de pensar y actuar, personas que estén dispuestas a afrontar sus retos y sus metas y, finalmente, personas que estén dispuestas a salir de su zona de confort.

Talento, empleo e impacto en la era digital

Por: Francisco Martínez

Cuando hablamos de desarrollo del talento debemos tener en cuenta las tendencias archiconocidas por todos: la era digital va a traer muchos cambios en el mundo del empleo. Son de sobra conocidos los informes de grandes consultoras que hablan de un gran número de empleos que van a desaparecer. Sin embargo, hay voces que ponen de manifiesto que no estamos ante algo nuevo, de hecho estamos asistiendo a un fenómeno que ha tenido lugar desde la antigüedad. James Bessen, autor del libro “Learning by doing” defiende que la tecnología ha automatizado el trabajo desde la edad antigua. Debemos darnos cuenta que el número de puestos de trabajo crecerá en la medida que haya puestos de trabajo sin cubrir, y, precisamente esto, es lo que se está comenzando a producir en nuestro mercado de trabajo. Basta con poner un ejemplo reciente, el pasado mes de octubre la Fundación COTEC (Fundación para la ciencia y la innovación) publicaba un informe sobre el Internet de las cosas (IoT por sus siglas en inglés). Dicho informe pone de manifiesto que la mayor parte de las empresas de nuestro país se están preparando para la revolución del IoT y que demandan perfiles que tengan competencias que permitan cubrir sus necesidades. Al famoso Data Scientist se unen el diseñador de circuitos, programadores, especialista en autocad, ingenieros de ciberseguridad o desarrolladores de GPS entre los puestos que se van a demandar próximamente.

Este informe también recoge que en España sólo podemos encontrar cuatro títulos de posgrado que abordan directamente la materia del IoT, aunque omite MIOTI, que es instituo del internet de las cosas que se encuentra en The Cube, Madrid. No se desesperen, en Europa únicamente cinco países, me temo que tras el Brexit únicamente serán cuatro, cuentan con grados especializados en IoT. Dos de ellos Reino Unido e Irlanda.

La situación actual es una oportunidad inmejorable para tomar la delantera. Nuestro país cuenta con un 36% de paro de acuerdo con los datos oficiales del último trimestre y una tasa de desempleo total del 16,4%. Al mismo tiempo contamos con una creciente demanda de puestos de trabajo que las empresas son incapaces de cubrir ¿A qué esperamos para formar a una masa laboral que pueda cubrir tal demanda? ¿Cómo se hace esto? En primer lugar, hemos de ser conscientes de que en la situación actual los cambios se producen de forma rápida y no estandarizada. Ello obliga a que los trabajadores deban convertirse en aprendices constantes. Pero, en esta tesitura la escuela no puede ser una universidad oxidada que tiene que ajustarse a los rígidos criterios de una ANECA decimonónica. Tampoco podemos esperar que la situación mejore cuando los empresarios demandan títulos oficiales que acrediten que los empleados tienen la experiencia requerida. Hay que buscar una fórmula nueva, una fórmula que las empresas más jóvenes están adoptando y que están permitiendo ganar terreno a pasos agigantados frente a las grandes corporaciones. Esta fórmula no es otra que el “learning by doing” que promueve James Bessen. Convendría reformar nuestro sistema de Formación Profesional, que fue diseñado para la era industrial, y adaptarlo a la era digital. Una era digital donde lo importante es adquirir una serie de competencias y donde éstas no quedan acreditadas por un título que otorga una institución sino que quedan acreditadas cuando una persona es capaz de programar una página web que reúne los parámetros demandados y esta puede ser visitada por todo el mundo. Aprovecho para proponer que se saque de la reforma educativa el pacto por la Formación Profesional para que por lo menos avancemos algo en lo que a educación se refiere en este país. Tal vez en algo menos ideológico como es la Formación Profesional nos llevemos una grata sorpresa y los agentes sociales se pongan de acuerdo para acometer con éxito una necesidad urgente.

Pero esto va mucho más allá. La cuestión no radica sólo en adquirir capacidades digitales que nos permitan entender la nueva forma de funcionar de los dispositivos que nos rodean. Las interacciones y la forma de comunicar entre los seres humanos está cambiando. Los líderes del mañana transmitirán su carisma a través del smartphone y no de la televisión. Serán sus habilidades sociales las que trascenderán más allá de sus habilidades técnicas. El Foro Económico Mundial enumera las diez competencias que necesitarán los líderes del futuro: Capacidad de resolver problemas complejos, pensamiento crítico, creatividad, gestión de personas, capacidad de coordinarse con otros, inteligencia emocional, toma de decisiones, orientación al servicio, negociación y flexibilidad cognitiva.

El rol de las denominadas soft skills va a jugar un papel determinante y eso es lo que tratamos de transmitir desde Celera. En la actualidad no damos valor a las cosas que realmente importan porque nos hemos acostumbrado a obtenerlas de forma inmediata. El cambio que se ha producido en la forma de interactuar los unos con los otros y, el dar por hecho cosas que hemos tardado años en asegurar, hacen que tengamos una percepción distorsionada de la realidad. Esa percepción distorsionada aderezada por el ansia de obtener las cosas de forma inmediata está matando los valores del esfuerzo y la paciencia de nuestros jóvenes. Lo presencio a diario en Celera, por un lado tengo a dos ingenieros aeronáuticos que están investigando propulsores de plasma y que esperan resultados en un plazo de 2 o 3 años en el mejor de los casos, por otro,  jóvenes de 23 años que a pesar de su enorme talento son incapaces de darse un año para medir los resultados de su trabajo. De su impacto, como les gusta decir a ellos.

Personalmente me he encontrado en esta situación. Como he explicado en este blog alguna vez yo también me considero un millenial y, sinceramente, también he tenido la inquietud de no estar haciendo lo que se espera de mí, de no estar logrando ese famoso impacto. Hace un año alguien me hacía la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que te gusta hacer? La respuesta era que ya lo estaba haciendo. Fue entonces cuando recordé una de mis citas favoritas. Es una cita que recuerdo con frecuencia desde que vi la película Gladiator allá por el año 2000. Si habéis visto esa película recordaréis que, al inicio de la misma, Máximo se dirige a sus tropas antes de la batalla con los germanos. En su arenga Máximo habla de la muerte -¿quién habla de la muerte o de la trascendencia en la actualidad?- y en un momento determinado Máximo pronuncia las siguientes palabras: Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad. Fue al conectar mi respuesta con la cita de esa película cuando me di cuenta de que el dichoso impacto que buscamos, esa idea que tenemos de mejorar nuestro mundo y nuestra sociedad no va a verse en el corto o en el medio plazo. Únicamente la suma de todos nuestros actos y las consecuencias de los mismos traerán dicho cambio. Y eso lleva tiempo, a veces lleva una eternidad, pero es ahí donde resonarán nuestros hechos, es ahí donde lo que hagamos todos y cada uno de los días que vivamos podrá verse.

El rebaño de Unicornios extraviados

Por: Luna Gutierrez

Cuando era pequeña me encantaba cruzar esa línea que dicen separa la realidad de la imaginación, jugaba a saltar de un lado a otro con tal naturalidad que no siempre era fácil saber de qué lado estaba. Supongo que de niños nos permitimos con más facilidad cruzar fronteras, dejar volar los sueños, quitarnos los límites.
En mis viajes me recuerdo casi siempre volando en Unicornio. Sí, yo le solía poner alas o al menos le daba la capacidad de volar, y viajaba por el aire a mi propio país que era una mezcla entre Nunca Jamás y La Historia Interminable. Segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer, le decía. Mi Unicornio se convirtió en una especie de compañero de viaje, en el Artax de mi aventura.

Reconozco que ya desde pequeña me sentía diferente, especial, no del todo como el resto. Y lo cierto es que no trataba de esconderlo. Me gustaba individualizarme, poner “mi toque especial de Luna” en todo lo que hacía.
Creo que por ello nunca encajaba del todo en ningún grupo. Por supuesto que formé parte de ellos, en mi clase, en el conservatorio, con los amigos, en la universidad… Formé parte, pero nunca tuve ese sentimiento completo de pertenencia, de igualdad, de camada. No funcionaba del todo. Esa individualidad formaba, con todo lo bueno y lo malo que traía, parte de mí.

Mi primer vivencial de Celera fue algo mágico para mí. Recuerdo, y esto algunos me lo habéis escuchado contar, que llamé a mi padre de regreso a casa. “Ha sido como estar en un grupo de iguales”. No era capaz de entender por qué. Saltaba a la legua que todos éramos sustancialmente diferentes. Pero creo que por primera vez me sentía parte de un grupo, de una unidad. Y era un sentimiento muy reconfortante, porque no hacía que perdiera mi YO. Mientras hablaba mi padre me dijo que mis palabras le hacían recordar una frase de Lawrence de Arabia en la que hablaba del sentimiento de haberse sentido siempre una especie de Unicornio que no encajaba en un mundo real. Bastó que hablase de unicornios para que dedicáramos los días siguientes a buscar el maldito libro donde podía venir esa frase. Y no fue fácil, mi padre tiene bastante memoria, pero no creo que como para recordar que esas palabras pertenecían a una carta que Lawrence escribió a Dick Knowles en 1927.

“Alguna vez te has sentido como un Unicornio extraviado entre las ovejas”, le decía.

Para mí fue como como una especie de revelación, como si Lawrence me estuviera preguntando y yo gritara ¡SÍ! bien alto desde el otro lado de donde fuera. Siempre me había sentido un poco así, como la pieza del puzle que no encajaba completamente. Mi singularidad era una característica imprescindible en mi personalidad, pero también la razón de haberme sentido no parte del todo. Mi cuerno de Unicornio, supongo. Era como si para ganar ese espíritu de pertenencia completo tuviera que renunciar a él, lo que era un poco como renunciar a mí.

Un Unicornio extraviado entre las ovejas… para mí fue una metáfora perfecta. Recuperaba al que fue mi compañero de aventuras favorito, y que realmente creo no era más que una parte de mí, esa parte que se sentía especial, algo mágica, con un halo de misterio, y condenada muchas veces a una parte de soledad (que es realmente de lo que hablaba Lawrence). Tras ese primer encuentro tuve la sensación de que Celera había conseguido, y creo que quizá inconscientemente, reunir a ese grupo de piezas inconexas, a algunos Unicornios extraviados. Con la magia de hacernos sentir parte de un todo. Quizá también de recuperarnos un poco.

El primer requisito para que un Unicornio exista es que hay que creer en él. Con la edad y todo lo que ella conlleva solemos construir muros más grandes que hacen cada vez más difícil ver que es posible sobrepasar las fronteras entre eso que llamamos realidad e imaginación. Y comenzamos a dudar de la existencia de esa parte mágica, también de la nuestra. Y los Unicornios corren el riesgo de diluirse, extraviarse y desaparecer a veces. Si todo el mundo dice que no existen quizá lo más sensato sea pensar que es así, quitarse el cuerno y poder formar parte completa de ese todo. Aunque ello implique renunciarse también un poco a uno mismo.

Creo que al reunirnos ganamos una especie de billete interminable a ese otro lado de los muros. Como si se recuperara un poco esa capacidad de cruzar las fronteras, de dejar volar los sueños, de quitarnos los límites. Nos permitimos volver a creer en Unicornios, y entonces volvieron a ser reales. Creo que en parte nos recuperamos, dejamos de diluirnos un poco.

Me fui a un Chino de barrio y compré 10 unicornios tipo pequeño poney con alas (muy horteras, pero era los que tenían) y le regalé uno cada uno de mis compañeros junto a una pequeña cartulina en la que escribí:

“¿Habéis tenido alguna vez la sensación de ser un Unicornio extraviado entre las ovejas?
Celera ha reunido el rebaño”

Realmente no sé si todos se sentían Unicornios, creo que eso no es lo más importante. Cada cual tiene su propia manera de nombrarlo. Lo importante es que juntos nos volvimos grupo, unidad. Encontramos un rebaño. Y creer en el grupo nos hizo creer en nosotros y cuidarnos. Volvimos a dar valor a ese cuerno mágico que cada cual llamará a su manera pero que indudablemente nos permite ser nosotros por completo. Ojalá este sentimiento os contagie a vosotros y a todos los que vengan detrás. Y esas partes extraviadas de lo que sea por fin se reencuentren y crezcan juntas.

Porque como con muchas otras cosas, para que existan, primero se ha de creer.

Stay Open, Noviembre 2017

Ciencia en la era del “todo vale”

Por: Javier Frontiñán

El pasado 14 de Noviembre tuvo lugar, con motivo de la Semana de la Ciencia, una mesa redonda sobre Ciencia y Posverdad organizada por Celera y La Facultad Invisible en la Fundación Rafael del Pino. El acto contó con unos ponentes de lujo, María Blasco, Carlos Elías, Javier García, Antonio Calvo, Pere Estupinyá y Pilar Gil, esta última como moderadora. A lo largo de la tarde surgieron aspectos de gran interés, algunos de los cuales resumiré en los siguientes párrafos.

Es bien sabido, que en la era de las redes sociales ha cobrado fuerza el concepto de posverdad, el cual está cargado de matices, por lo que es difícil dar una descripción que los englobe a todos ellos. Podríamos definirlo directamente como “mentira”, aunque estaríamos obviando todos estos matices, otra forma de describir la posverdad sería como una mentira emotiva que nos obliga o incita a posicionarnos frente a un tema del que no tenemos por qué saber al respecto. Al final se tratan de mentiras, que colectivamente o socialmente se mantienen vigentes. La posverdad ha cobrado protagonismo en los últimos meses debido a la llegada de Trump a la Casa Blanca entre otros muchos hechos.

Esta posverdad también ha llegado a temas científicos como conceptos como el cambio climático o el movimiento antivacunas, por lo que los científicos también deben estar presentes en debates como el que tuvimos el pasado martes. De todos modos es un fenómeno, que según muchos expertos, no ha hecho más que empezar y la sociedad deberá adaptarse y enfrentarse a ella, pero ¿cómo? Para empezar, España necesita foros de discusión a largo plazo ya que como sociedad vamos a tener que tomar decisiones fundamentales respecto a temas donde la ciencia juega un papel clave. Para ello, debemos informarnos y educarnos al respecto. Como comentó Javier García, vivimos en una época en la que la opinión es sagrada.

A lo largo del debate, surgió un tema fundamental y es el cómo enfocar la divulgación para hacer frente a la posverdad científica que impera en las redes sociales. Ya que este es el principal medio donde encontramos afirmaciones rotundas sobre flagrantes mentiras. Por un lado, Pere Estupinyá afirmó que debemos acabar y evitar la mala divulgación, punto en el que todos los asistentes estaban de acuerdo. En este debate, los periodistas científicos también juegan un papel clave, Antonio Calvo Roy afirmó que para lograr generar un cambio se debe ser riguroso pero divertido, además, afirmó que los periodistas científicos, necesitan formación y especialización. Otro punto fundamental es la educación, debemos lograr que la educación científica cale en los más jóvenes, ya que, como dijo María Blasco, la ciencia es la mayor herramienta que hay hoy día en el planeta. Si queréis cambiar el mundo, la ciencia es el mejor camino.

Otro tema que generó un interesante debate fue como los científicos deben comunicar hacia la sociedad, y en este punto hubo un enfrentamiento dialéctico sobre si los científicos debemos o no defender las verdades absolutas. El hecho fundamental en este punto, es que como investigadores solemos trabajar en lo desconocido y siempre tenemos que tener la duda por delante, por lo que es muy difícil generar verdades absolutas, en la mayoría de las especialidades científicas. Este aspecto es directamente aprovechado por charlatanes y pseudocientíficos que hacen suyas verdades que en realidad son mentiras absolutas. En definitiva, los científicos sabemos lo que no sabemos, y eso, es difícil de transmitir. En este caso, el periodismo y la sociedad en general, conviven muy mal con la incertidumbre, por eso mismo, si la ciencia no ocupa un lugar en la sociedad, lo ocupará la pseudociencia.

En definitiva el problema actual, como dijo Carlos Elías, es que hemos llegado a una época del todo vale. La gente acude a las redes sociales a informarse sobre lo que le interesa sea verdad o no. Como sociedad, debemos aprender a dudar y a no creer a falsos gurús y charlatanes. Un claro ejemplo, que puede ser tomado a modo de burla por muchos, es el de los terraplanistas, un creciente grupo de personas que creen y defienden que nuestro planeta es plano. Es algo que está ocurriendo hoy día y si una persona cree que la tierra es plana, puede acudir en internet a una serie de foros y medios que confirman sus disparatadas ideas. Aunque pueda parecer una broma, hay aspectos donde esto se vuelve mucho más grave como es el cambio climático o los antivacunas. En este caso, se habló de cómo introducir estos temas en debates en televisión en programas generales y surgió otro debate relacionado con la posverdad y es el de la neutralidad. Haciendo referencia a que si, por ejemplo, se hace un debate sobre vacunas, no se puede ser neutral situando a un defensor de las vacunas frente a un antivacunas, por que la ciencia ha demostrado de todas las formas posibles la eficacia de estas. La pregunta es, ¿se debe poner a la misma altura al experto en vacunas que al charlatán antivacunas?

Sin duda la ciencia debe de estar presente en el debate social. La fórmula para lograrlo es realmente compleja, integrando una mejor labor divulgativa por parte de los científicos una especialización por parte de los periodistas científicos y un gran esfuerzo por cambiar políticas educativas. No debemos olvidar que la posverdad alimenta el fanatismo y puede llevar a cometer verdaderas injusticias. El incremento de los casos de sarampión, es solo un ejemplo. Como concluyó Javier García, ser ciudadanos es estar bien informados. No podemos delegar a que alguien nos de la información y creerle.

Ciencia y posverdad, en la Semana de la Ciencia

Con motivo de la Semana de la Ciencia de Madrid en Celera hemos decidido participar organizando un evento abierto a todos los públicos y donde abordaremos dos actividades que esperamos que sean de vuestro interés.

 

Por un lado, hemos organizado una mesa redonda sobre “Ciencia y Posverdad” con un panel de lujo que contará con: 

    • Javier García Martínez, presidente de Celera;
    • María Blasco, directora de CNIO;
    • Pere Estupinyá, Presentador y Director de “El Cazador de Cerebros”​ en TVE;
    • Carlos Elías, catedrático de periodismo de la UNED;
    • Antonio Calvo Roy, presidente de la Asociación Española de Comunicación Científica
    • Moderado por: Pilar Gil, periodista en Hearst Magazines.

En segundo lugar, haremos entrega a los ganadores de los galardones de la I Edición de los Premios Jóvenes Divulgadores. Estos Premios son una iniciativa de Celera junto con La Facultad Invisible y la Fundación Rafael del Pino.

 

La actividad se desarrollará el martes 14 de noviembre en la Fundación Rafael del Pino a partir de las 18:30. 

 

¡Os esperamos!

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¿Qué hacemos en España con el talento?

Por: Francisco Martínez

El informe global de competitividad del Foro Económico Mundial de 2017 retrata a nuestro país en una cuestión clave: El talento. España aparece en el puesto 82 de 138 en cuanto a la capacidad de retener talento y en el puesto 83 en cuanto a la capacidad de atraerlo.
Pero ¿qué entendemos por talento? En función de lo que ajustemos el término los datos que obtendremos serán diferentes. Generalmente cuando se alude a la fuga de cerebros la referencia suele hacerse al talento investigador de nuestro país. No obstante, en otros casos se abre mucho más el objetivo y se habla de la cantidad de jóvenes españoles que tienen que acudir al mercado laboral extranjero para poder trabajar de lo que han estudiado. Se mire como se mire la realidad siempre se pinta de color gris y las conclusiones se resumen en la necesidad de mayor inversión en I+D.

No cabe duda que es necesario invertir más en I+D, España está muy por detrás de lo que debería en cuanto a la inversión en I+D, los datos son demoledores. De acuerdo con el Informe COTEC de 2017 mientras que la UE invierte un 25% más en I+D que antes de la crisis nuestro país lo hace un 10% menos. Pero no les estoy contando nada nuevo, de manera que no seguiré con esta línea argumental.
Después de un año trabajando en la gestión de talento al frente de la Asociación Celera, donde por talento no entendemos exclusivamente el científico, sino que tratamos de identificar a aquellas personas que además de tener cualidades fuera de lo común también tienen una actitud excepcional, he estado en contacto con multitud de universidades, centros de investigación, instituciones, personalidades y empresas. Con todos ellos he hablado cual virgen, dispuesto a escuchar y a tratar de entender la idiosincrasia de cada uno, pues en todos los casos su contacto con eso que denominamos talento es directo. Reflexionando sobre el estado del arte, que dirían muchos de los jóvenes que participan en el programa de Celera, la conclusión a la que uno llega es que España genera mucho talento pero la forma de gestionarlo dista mucho de ser homogénea y el resultado de esa heterogeneidad es preocupante.

Desde mi punto de vista existe una forma tradicional de gestionar el talento. No es necesario recordar que no hay ninguna universidad española entre las 200 mejores del mundo ya que se mucho se ha hablado de ello durante las últimas semanas. La razón principal es de sobra conocida: Un alto grado de endogamia en la universidad española. Pese a todo, ello no es óbice para que de ella salgan profesionales por lo que se pelean centros de investigación y empresas de renombre mundial. ¿Cómo sería el resultado si la gestión fuera más innovadora y competitiva?

Ahora bien, esa forma tradicional de gestionar el talento no es exclusiva de la universidad española. Si hacemos zoom y centramos la atención en el talento más joven nos damos cuenta de que grandes consultoras y grandes empresas son fuertes polos de atracción de talento. Y al mismo tiempo son perfectas trituradoras del mismo. Como en el caso de las universidades hay ciertas excepciones pero, en general, aquellos perfiles que nosotros identificamos como talentos excepcionales pronto encuentran limitado su potencial y verdaderamente frustrados. De hecho, he tenido ocasión de presenciar la evolución de varios de los jóvenes del programa, los cuáles tras un par de años trabajando en un entorno, podría decirse hostil a su talento, han acabado trabajando en start-ups, es decir, todo lo contrario a una gran corporación.

Afortunadamente, en nuestro país están apareciendo nuevas formas de gestionar el talento que se adaptan mejor al tiempo actual, en ejemplo de ello son las propias Start-ups y su forma de gestionar el talento, algo de lo que hablamos en la 1ª edición de “PasiónXTalento”. En Celera, a través de nuestro programa, realizamos una humilde aportación en este sentido. Pero no estoy escribiendo estas líneas para hablar del programa que dirijo sino para poner de manifiesto que esta dirección es la que hay que seguir. Además de start-ups, en la 1ª edición de “PasiónXTalento” fueron convocadas grandes empresas como BBVA, Oracle o BMW, junto con grandes instituciones como COTEC o la UCM. Las conclusiones que de allí se extrajeron guardan relación con la necesidad de implementar estructuras organizativas flexibles que fomenten la creatividad y la necesidad de formar líderes que inspiren y motiven a los equipos. De este modo, la apuesta por el talento de nuestro país no se traduce exclusivamente en un mayor gasto en I+D, independientemente de que sea necesario. Hay otras vías y estas pasan por innovar en la gestión del talento que aflora de nuestras universidades. Existen multitud de ejemplos, algunos de los cuáles se darán cita la semana de que viene en el South Summit en un panel que han promovido los jóvenes que participan en nuestro programa. Este panel será la 2ª edición de “PasiónXTalento”. Las conclusiones que se extrajeron de entonces apuntan a que es necesario que tanto universidades como instituciones y grandes empresas adopten nuevas formas de gestionar el talento y donde, por encima de todo, se fomente el desarrollo de las denominadas soft-skills o competencias transversales. En Celera hemos comprobado que para que estas se desarrollen en las personas el factor de la interdisciplinariedad es indispensable.

En Celera ponemos en práctica las cosas que estoy describiendo. Contamos con 30 jóvenes que pertenecen a un total de 22 disciplinas distintas. La interacción que se produce entre ellos y cómo se llegan a complementar unos y otros es algo que genera ideas, aprendizajes, proyectos y objetivos comunes que desde Celera tratamos de impulsar y alumbrar. Todo ello inspirado por una visión muy emprendedora donde no esperamos a que nos den hechas las cosas sino que tratamos de hacerlas nosotros. En la próxima edición del South Summit centraremos el debate en las acciones que son necesarias para mejorar la gestión del talento excelente en nuestro país y de cómo debemos proceder para anclar y empoderar el mismo. Para ello contaremos con instituciones, que al igual que nosotros, están apostando por innovar en la gestión del talento y pondremos en común las fórmulas que dan resultado. Concluyo animando al lector a que se acerque a este multitudinario evento donde innovación y emprendimiento tienen lugar y, de momento, no se fugan.

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